Dragos

√Āguedo Marrero

Jard√≠n Bot√°nico Canario ‚ÄúViera y Clavijo‚ÄĚ

Fotos: √Āguedo Marrero

Mitos y leyendas envuelven a los dragos desde la m√°s remota antig√ľedad, formando parte, por ejemplo, de las escenas del imaginarium cl√°sico de las Hesp√©rides, de las escenas m√≠ticas como la del Herakleion en el paisaje tart√©sico de Gadir, o de escenarios b√≠blicos como en representaciones del Para√≠so o la huida de la sagrada familia a Egipto. As√≠ tenemos los dos grandes escenarios donde los dragos iban a quedar consagrados desde la antig√ľedad: el escenario gaditano, y por tanto en los confines del mundo conocido y donde la cosmogon√≠a cl√°sica adquiere plenitud, en un extremo, y en el otro, el escenario de Egipto y su entorno donde se dilu√≠an en la noche de los tiempos los or√≠genes de nuestra propia civilizaci√≥n.

 

Y es que los dragos eran ya conocidos desde la Antig√ľedad en ambos extremos del Mediterr√°neo. En el oeste, m√°s all√° de las columnas de H√©rcules, hacia las costas atl√°nticas de C√°diz y gargantas de la sierra de Grazalema, donde a√ļn persisten los √ļltimos reductos de las laurisilvas terciarias de Europa: creciendo sobre el t√ļmulo que se alza sobre Geriones, como relata Fil√≥strato; o como recoge el relato de Posidonio, seg√ļn Estrab√≥n, sobre el √°rbol de G√°dira que al cortarle la ra√≠z sale un jugo bermell√≥n, asociado a su vez al t√ļmulo del templo que los fenicios hab√≠an dedicado a Melkart en C√°diz. Esto viene ahora confirmado al quedar recogido en el escenario gaditano de la lucha de Herakles y Geri√≥n, en un bronce samio del s. VII a.C. En el extremo este del Mediterr√°neo, el propio Estrab√≥n se√Īala haber conocido en Egipto un √°rbol similar al de G√°dira, y creemos no es casualidad que el drago formara parte de los iconos ambientales que representan desde tiempos pre-renacentistas la huida de la sagrada familia a Egipto, aunque sepamos que para estas ilustraciones probablemente se usaran como modelos los que crec√≠an en Occidente, desde Valencia a Portugal.

 

 

Estos √°rboles productores de ‚Äúsangre de drago‚ÄĚ, o simplemente ‚Äúdragos‚ÄĚ, eran ya conocidos desde la Antig√ľedad cl√°sica greco-romana o incluso antes; ya formaban parte de las leyendas, tanto por la ‚Äúsangre‚ÄĚ que produc√≠an como por su extra√Īo porte. La resina era comerciada desde distintas procedencias, siempre en cantidades exiguas, confundi√©ndose en muchos casos con los polvos t√≥xicos de minio y de cinabrio. Desde el √ćndico, donde se extra√≠a del drago de la isla de Socotora (que posteriormente recibir√≠a el nombre de Dracaena cinnabari), a trav√©s del Mar Rojo y Arabia llegaba el cinabrio vegetal siguiendo la ruta del incienso, y probablemente las poblaciones de dragos existentes en las estribaciones monta√Īosas a uno y otro lado del Mar Rojo no pasar√≠an desapercibidas. Desde Oriente llegan precisamente las leyendas que relacionan el origen de los dragos con la tr√°gica fusi√≥n de sangres del drag√≥n y el elefante.

 

Desde los confines occidentales del Mediterr√°neo la sangre de drago llegar√≠a, quiz√°s en principio desde los entornos de C√°diz y las columnas de H√©rcules, y luego a trav√©s de la Pen√≠nsula Ib√©rica y del noroeste africano, desde las islas macaron√©sicas y en concreto desde Canarias, donde se extra√≠a del drago canario Dracaena draco. En el escenario occidental es notable su asociaci√≥n a las colinas de Gadea, donde fuera vencido Geri√≥n en su lucha contra H√©rcules (el Herakles de la mitolog√≠a griega); y llama la atenci√≥n c√≥mo actualmente en ciertas culturas de la regi√≥n guineo-congole√Īa, en √Āfrica, tienen la costumbre de enmarcar las tumbas con tocones de algunas especies de Dracaena (Dracaena arborea, D. manni...).

 

 

Desde el punto de vista sistemático, el género Dracaena pertenece al grupo de las Monocotiledóneas (como gramíneas, palmas, lirios...). En sentido amplio el género Dracaena ha sido incluido en la familia Agavaceae, junto con pitas, yucas, etc., y en sentido más estricto en la familia Dracaenaceae, que sólo recogía dos géneros: Dracaena y Sanseviera (lengua-tigres). Estudios recientes que analizan filogenias moleculares y caracteres morfológicos han llevado a su inclusión en la familia Ruscaceae, que incluye los géneros Dracaena, Sanseviera, Convallaria, Liriope (cintas), Ruscus (aureolas), Smilacina, Nolina (árbol botella), Calibanus, Comospermum, Peliosanthes y Eriospermum. Y junto con otras familias próximas conforman el orden de Asparagales.

 

Las seis especies de dragos

 

El g√©nero Dracaena incluye actualmente algo m√°s de 60 especies reconocidas de todas las zonas tropicales y subtropicales del mundo, desde Mesoam√©rica y las Antillas, √Āfrica y Arabia hasta el sudeste asi√°tico, Indonesia, Australia y las islas Hawai, aunque presenta su centro de diversidad en √Āfrica tropical y subtropical montana. Constituyen un grupo de plantas muchas veces de dif√≠cil tratamiento taxon√≥mico, tanto a nivel de grandes grupos (g√©neros y familias) como a nivel de especies o subespecies. Desde que Linneo, el padre de la nomenclatura y sistem√°tica biol√≥gica moderna, describiera el g√©nero Dracaena, cerca de 2.200 nombres han sido adscritos al mismo, de los cuales s√≥lo unos 60 son actualmente reconocidos, generando listados a veces considerables de sinonimias. El drago macaron√©sico, la especie m√°s popular y que tipifica al g√©nero, no escapa a esta redundancia de nombres.

 

Los dragos propiamente dichos (las seis especies de dragos) vienen caracterizados por el porte monumental con tronco paquicaule, ramificaciones gruesas y follaje tan caracter√≠stico agrupado hacia el extremo de las ramas, y por la producci√≥n particular de exudados. Estas seis especies se circunscriben a dos √°reas concretas a uno y otro lado del √Āfrica septentrional: Macaronesia en el lado occidental, y entornos del Mar Rojo y golfo de Ad√©n en el lado oriental.

 

El drago de Macaronesia:

Dracaena draco (L.) L., 1767

 

De igual forma que la palma y el pino canario, el garo√© o la orchilla, el drago macaron√©sico fue de las plantas que m√°s inter√©s despertaron entre los exploradores, cronistas, naturalistas o viajeros, que muchas veces lo llevaban y cultivaban en las metr√≥polis. En 1576 Charles de l‚Äô√Čcluse (Carlos Clusio), m√©dico y bot√°nico flamenco, publicaba su Rariorum aliquot stirpium per Hispanias observatarum historia, donde recoge la primera descripci√≥n cient√≠fica del drago, que √©l hab√≠a observado creciendo en una colina entre olivos, detr√°s del convento de Gra√ßa en Lisboa. Clusio, fundador del Jard√≠n Bot√°nico de Leiden, en Flandes, uno de los primeros jardines bot√°nicos de Europa, incluy√≥ adem√°s en dicha obra un detallado grabado del drago, copia especular de la acuarela que Pieter van der Borcht hab√≠a preparado para la misma. Aunque existen iconos del drago anteriores a esta l√°mina, como el de Martin Schongauer hacia 1475, el grabado que aparece en la obra de Clusio se puede considerar como la primera descripci√≥n bot√°nica y precisa del drago macaron√©sico.

 

 

Otros autores prelinneanos tambi√©n describieron el drago siguiendo el sistema polinomial o ‚Äúnombres-frase‚ÄĚ, como Bauhin en 1623, Parkinson en 1640, Plukenet en 1696, Commelin en 1689 o Kiggelaer en 1690. Estos √ļltimos lo describ√≠an como: ‚ÄúPalma prunifera foliis juccae, fructu racemoso Cerasi-formi, ossiculo duro cin√©reo, Pisi magnitudine, Lachrymam Sanguis Draconis dicta sit genuina Palma, multum dubitat Excellentiss‚ÄĚ (palma con frutos de Prunus ‚Äďcerezas‚Äď hojas de yuca, frutos en racimos y con forma de cerezas (...) y savia conocida como sangre de drag√≥n...). Linneo lo describe por primera vez en 1762 en su sistema binomial como Asparagus? draco en la segunda edici√≥n de Species plantarum.

 

 

En diversas obras de finales del s. XVIII y principios del s. XIX el drago com√ļn se dio a conocer con diversos nombres, seg√ļn los autores: Draco arbor (Garsault, 1764), Draco dragonalis (Crantz, 1768), Palma draco (Miller, 1768), Stoerkia draco (Crantz, 1768), Draco yucciformis (Vandelli in Roemer, 1796), Drakaina draco (Rafinisque, 1838) o Yucca draco (Carri√®re, 1859). Esto da idea de las dificultades tanto taxon√≥micas como sistem√°ticas que esta planta ofrec√≠a. El propio Linneo en un periodo de 5 a√Īos dio hasta dos nombres para esta especie: Asparagus draco en 1762, y Dracaena draco en 1767, en Supplementum plantarum, que es el nombre correcto actual.

 

La especie es descrita por Linneo bas√°ndose en la descripci√≥n y grabado de la obra de Clusio de 1576 refundida en 1601, que recoge el porte de una planta completa y detalles tanto de la hoja como de una pinna de una infrutescencia. Esta l√°mina fue elegida recientemente como tipo de Dracaena draco por el bot√°nico neerland√©s y remero ol√≠mpico Jan Justus Bos, en 1993. Bos dedic√≥ buena parte de su tiempo a la exploraci√≥n de la flora subsahariana, y en especial el g√©nero Dracaena en √Āfrica. A pesar de que la descripci√≥n de Linneo es bastante escueta y de que este autor indica como h√°bitat la India oriental, los detalles de la l√°mina permiten asimilarla a la especie macaron√©sica.

 

 

El drago com√ļn (que tambi√©n recibe otros nombres en castellano, como drago, drag√≥n, drago macaron√©sico, drago canario, drago de √Āfrica, dragonero, √°rbol de la sangre de drago, √°rbol del drago o √°rbol geri√≥n) es un √°rbol que puede alcanzar alturas hasta de 15-20 metros, bastante escaso en su medio natural y que vive en los archipi√©lagos de Macaronesia y en el Antiatlas marroqu√≠. En Macaronesia en las islas de Cabo Verde, Canarias y archipi√©lago de Madeira. El drago de Marruecos fue dado a conocer en 1996 como subespecie del drago macaron√©sico: Dracaena draco (L.) L. subsp. ajgal Benabid & Cuzin, porque presenta algunos caracteres que lo diferencian del drago com√ļn, caracteres tan sutiles como el tama√Īo de los pedicelos y el color amarillo de las anteras de los estambres. Este descubrimiento llev√≥ a replantearse el caso de los dragos de Gibraltar y actualmente se sospecha que pudieran ser un remanente de poblaciones silvestres habidas en tiempos pasados y se les encuadra dentro de la subespecie marroqu√≠ como subsp. ajgal.

 

Esta especie ha sido utilizada con otras arb√≥reas de la laurisilva o del termoescler√≥filo en campa√Īas de repoblaci√≥n o reforestaci√≥n, y se encuentra actualmente integrada en la jardiner√≠a urbana de plazas, parques y jardines, ramblas y medianas de autov√≠as, huertos-jardines escolares, etc., as√≠ como en patios, jardiner√≠a dom√©stica en general, hotelera y entornos tur√≠sticos, constituyendo en ocasiones en las haciendas un elemento de distinci√≥n. Y es frecuente encontrarla hoy en los jardines de muchas ciudades que comparten clima de tipo mediterr√°neo: en diversas ciudades como en el sur y el levante de la Pen√≠nsula Ib√©rica, especialmente en C√°diz y Almer√≠a, distintas ciudades del entorno del Mediterr√°neo, tanto del litoral europeo como norteafricano; en San Diego, California y en Miami, Florida; en diversas ciudades de Australia como Sydney, Brisbane o Adelaida; en Nueva Zelanda, etc. Siendo en algunas ciudades, como en C√°diz, de presencia milenaria.

 

 

Es una especie bastante rara en su ambiente natural. En el archipiélago de las Azores, aunque algunos autores la consideran como nativa, todos los dragos actualmente conocidos, algunos bastante viejos, están asociados a entornos urbanos o ambientes antropizados, plantados o subespontáneos. Poblaciones naturalizadas notables crecen, especialmente, en las islas de San Jorge y Flores. En Madeira, los viejos dragos silvestres de Ribeira Brava han quedado destruidos por sendos temporales (2009 y 2010), existiendo referencias de otros dragos ya desaparecidos, como el del Cabo Garajau y el de Seixal. En Porto Santo ya no queda drago silvestre alguno de los dragonales históricamente descritos. Todos los demás dragos conocidos actualmente, como los de San Andrés, As Neves, Funchal, Ponta do Sol o São Vicente son plantados o se asocian a la actividad humana.

 

En Canarias s√≥lo hay evidencia de poblaciones silvestres de Dracaena draco en la isla de Tenerife, donde aparecen grupos importantes aunque muy depauperados en Anaga, Roque de Tierra, Roque de las √Ānimas, Los Silos, Masca, Barranco del Infierno, Gu√≠a de Isora y Barranco de Badajoz.

 

 

En Gran Canaria existen algunas referencias de la existencia de dragos silvestres por la vertiente norte de la isla, todos ya desaparecidos, y el √ļnico ejemplar silvestre que crec√≠a en los paredones del barranco de Pino Gordo no ha resistido los √ļltimos a√Īos de sequ√≠a y en el a√Īo 2009 finalmente muri√≥, extingui√©ndose as√≠ en su estado natural en esta isla. Los dragos de Las Meleguinas y del barranco de Alonso, en el camino a Pino Santo, crecen en medios antropizados y son en todo caso de origen subespont√°neo. Para esta isla se tiene evidencia de la existencia de dragos y dragonales en la franja termoescler√≥fila de la vertiente norte, por el hallazgo reciente de improntas de hojas fosilizadas datadas entre 2.700 y 9.000 a√Īos de antig√ľedad.

 

En la isla de La Palma no existe ninguna evidencia actual de la existencia de dragos silvestres. Los famosos conjuntos de dragos, como los de Las Tricias, Buracas, etc., y algunos otros de porte notable o monumental, como los de Las Bre√Īas, crecen en zonas altamente antropizadas, asociadas a la cultura campesina con su intensivo uso en otro tiempo como forrajera. En las restantes islas de La Gomera, El Hierro, Fuerteventura y Lanzarote, aunque pueden existir, y existen, dragos viejos o monumentales, ninguno se puede considerar como silvestre o natural.

 

 

En el archipi√©lago de Cabo Verde el drago com√ļn est√° a√ļn presente como especie silvestre en Santo Ant√£o, S√£o Nicolau y Fogo, donde forma poblaciones notables. Referencias hist√≥ricas daban su presencia tambi√©n para la isla de Santiago y S√£o Vicente, y quiz√°s existi√≥ de forma natural en Brava. En estas √ļltimas islas existen dragos notables pero asociados a la actividad humana, en zonas urbanas o periurbanas.

 

En el Antiatlas marroquí, donde recibe el nombre de ajgal u ousgal, crece en un área bastante restringida, en los escarpes del curso medio de Asif Ou-Magouz, donde el barranco se encaja y serpentea entre los macizos de Jebel Imzi y Adad Medni. Estos escarpes se precipitan desde las cumbres que rondan los 1.500 y 1.300 m de cota, respectivamente, hasta el curso del oued en torno a los 400 metros. Aquí se han localizado varias poblaciones que en conjunto pueden aproximarse al millar de individuos.

 

 

Finalmente, en el Pe√Ī√≥n de Gibraltar viven cerca de medio centenar de dragos juveniles y de media edad, muchos de ellos encaramados en los acantilados, totalmente inaccesibles y que, seg√ļn las √ļltimas apreciaciones, podr√≠an ser descendientes directos de viejos dragos nativos de la zona y ya desaparecidos. En el Jard√≠n Bot√°nico de Gibraltar existen varios ejemplares notables que proveen de semillas, las cuales, ingeridas por las gaviotas, llegan f√°cilmente a los acantilados, pero se desconoce el origen de estas plantas. Igualmente notables son los viejos dragos, actuales o hist√≥ricos, de C√°diz y de otras zonas pr√≥ximas que van desde Portugal hasta Valencia. Pero los dragos de toda esta franja podr√≠an tener or√≠genes diversos: de Grazalema, Gibraltar, Madeira, Canarias o Cabo Verde.

 

Otras cuatro especies de dragos se describen en la segunda mitad del s. XIX, un siglo despu√©s de las descripciones de Linneo en 1762 y 1767, y son el resultado de las diversas exploraciones realizadas en el este de √Āfrica, en los territorios de Egipto, Nubia, Abisinia y Somalia, as√≠ como en Arabia y la isla de Socotora. En general, estas expediciones son consecuencia de la expansi√≥n colonial inglesa en plena √©poca victoriana, que alcanz√≥ en esas fechas su m√°ximo apogeo.

 

El drago de Nubia:

 

Dracaena ombet Kotschy & Peyr., 1867

 

El drago de Nubia fue descrito a partir del material bot√°nico recogido en las expediciones de Alexine Tinn√© (Alexandrine Pieternella Fran√ßois Tinn√©), a mediados del s. XIX, en las monta√Īas de Erkowit, territorios del actual Sud√°n, en sus incursiones por el r√≠o Bahr-el-Ghazal. Alexine fue una acaudalada holandesa que, junto a su madre y su t√≠a, se sum√≥ a la saga de intr√©pidas exploradoras victorianas como Mary Kingsley o Florence Baker, que sin renunciar a sus ostentosas y refinadas costumbres se enfrentaron a las m√°s arriesgadas aventuras. Alexine Tinn√© morir√≠a en el Sahara en 1869 a la edad de 29 a√Īos, en medio de una reyerta Tuareg, y su nombre viene unido al de otros exploradores en la aventura de desentra√Īar el nacimiento del Nilo.

 

Los exploradores y botánicos austriacos, el veterano Karl Georg Theodor Kotschy y el joven Johann Joseph Peyritsch, publican en 1867 la obra Plantae Tinneanae, texto que describe la flora recolectada en la expedición de Tinné a Sudán, donde incluyen el drago de Nubia.

 

Dracaena ombet se conoce actualmente desde las estribaciones de Jebel Elba, en Egipto, hasta Djibouti (por ejemplo al sur de Ghoubbet y de Hemed), con algunas poblaciones muy depauperadas en Erkowit, por encima de Suwakin y Port Sudan, donde se conoce localmente como ombet (madre de la tierra), asa-ara o arob, y otras en Eritrea y Etiop√≠a, siguiendo siempre las monta√Īas y escarpes del Mar Rojo.

 

El drago de Somalia:

Dracaena schizantha Baker, 1877

 

El drago de Somalia fue descrito en 1877 gracias al material recolectado por Johannes Maria Hildebrand en abril de 1875, en la Somalia brit√°nica, en Meid Ahl y Serrutgeb, donde es conocido como moli. Estas monta√Īas quedan actualmente adscritas a la jurisdicci√≥n et√≠ope. Hildebrand hab√≠a sido jardinero en el Jard√≠n Bot√°nico de Berl√≠n, pero pronto destacar√≠a como explorador y recolector de colecciones de historia natural, realizando importantes expediciones a Abisinia y Somalia. La especie fue descrita por John Gilbert Baker, un eminente bot√°nico ingl√©s de Guisborough, Yorks, vinculado durante la segunda mitad del s. XIX al Real Jard√≠n Bot√°nico de Kew, trabajando en su biblioteca y siendo conservador del Herbario.

 

 

Dracaena schizantha se distribuye a lo largo de los escarpes del norte de Somalia, por encima de las costas del √ćndico, pudiendo adentrarse hacia Etiop√≠a y Djibouti, donde se confunde con la especie de Nubia. Algunos autores la proponen como subespecie de Dracaena ombet, y es probable que en algunas zonas las especies puedan ser simp√°tricas.

 

El drago de Socotora:

Dracaena cinnabari Balf.f., 1882

 

Esta especie fue descrita por sir Isaac Bayley Balfour, un eminente bot√°nico escoc√©s, formado en la Universidad de Edimburgo, que lleg√≥ a describir m√°s de 1.100 especies. En 1874 participa en una expedici√≥n astron√≥mica a la isla mascare√Īa de Rodrigues, estudiando su flora local, y en 1880 participa en la expedici√≥n a Socotora. Fue profesor en las universidades de Glasgow, Cambridge y finalmente de Edimburgo, donde dedica especial esmero al Jard√≠n Bot√°nico y Arboretum.

 

 

Dracaena cinnabari es una especie end√©mica de la isla de Socotora, en el oc√©ano √ćndico, perteneciente a la Rep√ļblica del Yemen. Crece formando aut√©nticos bosques de dragos, monoespec√≠ficos en el estrato arb√≥reo, en las zonas elevadas de la isla: las mesetas meridionales de Firmihin y monta√Īas de el Haggier, Hamaderoh y Mumi, conformando junto al Adenium (rosa del desierto) paisajes de apariencia rel√≠ctico-ancestral.

 

 

El drago de Saba:

Dracaena serrulata Baker, 1894

 

Además de encargarse del Herbario de Kew, John Gilbert Baker dedicó buena parte de su vida a la didáctica, escribiendo diversos libros de texto sobre diferentes grupos vegetales, incluyendo Amaryllidaceae, Bromeliaceae, Iridaceae, Liliaceae y helechos. Además de Dracaena schizantha, vista más arriba, describe otras 68 especies del género Dracaena.

 

 

Dracaena serrulata fue descrita sobre el material recogido en la región del Hadramaut, en Yemen (mítico Reino de Saba, donde tuvo sus amores Salomón), y hoy se conoce en Arabia Saudí, Yemen y Omán. En Arabia Saudí crece al oeste y sur de Medina, y en el extremo sur del país, al sur y suroeste de Farshad, con algunos individuos en el entorno de Al Bahah; en Yemen crece en los escarpes de Hudaydah y a lo largo del Hadramaut; y en Omán en la región de Dhofar, desde los escarpes de Salálah hasta los de Samhan, al noreste de Mirbat.

 

La especie presenta cierta variación morfológica latitudinal y algunos autores modernos, como Sheila Collenette, colaboradora del Real Jardín Botánico de Kew, no descartan que las poblaciones de Arabia Saudí, especialmente las del entorno de Medina, puedan estar más relacionadas con el drago de Nubia que con el drago de Saba.

 

El drago de Gran Canaria:

Dracaena tamaranae Marrero Rodr., R.S. Almeida & Gonz.-Mart., 1998

 

El drago de Gran Canaria es una especie que crece en las cotas medias del cuadrante suroeste de la isla de Gran Canaria, desde los paredones de Amurga en el barranco de Fataga hasta la Mesa del Junquillo en el barranco de La Aldea. En la d√©cada de los 60 del siglo XX los grupos monta√Īeros Grupo Universitario de Monta√Īa y Grupo Monta√Īero de San Bernardo hab√≠an localizado algunos individuos de dragos silvestres en los barrancos del sur de la isla, lo que comunicaron a G√ľnther Kunkel, quien los dio a conocer en sendas publicaciones de 1972 y 1973. Kunkel, de nacionalidad alemana, destac√≥ como naturalista y bot√°nico, y despu√©s de su periplo por distintos territorios de Suram√©rica (Argentina, Ecuador, Per√ļ, Chile, Juan Fern√°ndez), √Āfrica (Liberia), Oriente Medio (Golfo P√©rsico) y distintos pa√≠ses de Europa, recal√≥ en Gran Canaria, en 1964, donde mantuvo su residencia durante m√°s de una d√©cada. En las citas de Kunkel, as√≠ como en otras contribuciones de localizaci√≥n y cartograf√≠a, el drago de Gran Canaria, que siempre aparece en escarpes inaccesibles, fue referido a la especie macaron√©sica, Dracaena draco.

 

 

A comienzos de la d√©cada de los 90 del s. XX, el ge√≥grafo y naturalista Rafael Almeida recoge por primera vez semillas de estos dragos, las cuales comparte con el Jard√≠n Bot√°nico Canario ‚ÄúViera y Clavijo‚ÄĚ. Desde el Jard√≠n Canario, con la colaboraci√≥n de dicho ge√≥grafo y del bi√≥logo Manuel Gonz√°lez Mart√≠n, la dimos a conocer como entidad taxon√≥mica diferente. Hab√≠a transcurrido un siglo (104 a√Īos) desde la √ļltima especie de drago descrita en el mundo, el drago de Saba. Hasta ahora resulta end√©mica de esta isla y presenta m√°s afinidades morfol√≥gicas con los dragos del este de √Āfrica que con el drago macaron√©sico: con el drago de Nubia, con el de Somalia, y especialmente con el drago de Saba.

 

 

El h√°bitat de los dragos

 

Las especies de dragos aqu√≠ comentadas presentan en general requerimientos ecol√≥gicos similares. Todas habitan en franjas de vegetaci√≥n xer√≥fila o termoescler√≥fila, con clima des√©rtico o subdes√©rtico de tipo tropical-subtropical, donde las lluvias rondan entre los 100 y los 400 mm anuales. As√≠ ocurre para las especies del este de √Āfrica, Arabia y Socotora, aunque los ambientes m√°s septentrionales, como en los entornos de Medina, en Arabia, y de Jebel Elba en la frontera Egipto-Sud√°n, son m√°s x√©ricos, dominando las comunidades cactiformes de Euphorbia abyssinica. En el SE de Arabia y norte de Somalia, los escarpes que caen a uno y otro lado del golfo de Ad√©n se ven algo beneficiados por los monzones, donde destacan en el lado de Arabia las comunidades de matorral espinoso subtropical de Acacia-Commiphora, mientras al norte de Somalia vive en los matorrales escler√≥filos siempreverdes, por debajo de los bosques afromontanos, donde tambi√©n crecen acebuches, sabinas, peralillos y lentiscos, pero con especies propias de la zona. El drago de Socotora vive en las condiciones m√°s h√ļmedas, tambi√©n bajo el dominio de los monzones, pero conformando bosquetes entre matorrales escler√≥filos de Boswellia, donde destaca la presencia de distintas especies crasas de Adenium y Dendrosicyos. El drago de Gran Canaria crece en los refugios de los escarpes inaccesibles de la franja termoescler√≥fila del sur-suroeste de Gran Canaria, en comunidades potenciales del sabinar (Juniperus turbinata subsp. canariensis) con acebuches (Olea cerasiformis) y jaras (Cistus monspeliensis), entre el cardonal-tabaibal y el pinar. El drago macaron√©sico est√° m√°s ligado a la influencia indirecta de los vientos alisios, conform√°ndose las principales poblaciones en la franja termoescler√≥fila de la fachada norte y noreste, por debajo del monteverde, donde comparte espacio con la sabina, el espino (Rhamnus crenulata) o Globularia salicina, entre otras, coincidiendo muchas veces con el h√°bitat de la palma canaria (Phoenix canariensis). Cuando aparece en la fachada sur y oeste prefiere los ambientes m√°s favorables donde pueden llegar reboses de los vientos h√ļmedos. No es extra√Īo, por ello, encontrar alg√ļn drago entre cardones, en los bordes de la laurisilva o incluso entre el pinar. En condiciones similares aparece tambi√©n en Madeira o de forma naturalizada en Azores, donde la franja termoescler√≥fila llega hasta el nivel del mar. En las islas de Cabo Verde, por el contrario, asciende hasta las cotas m√°s altas de la vertiente norte, donde en otro tiempo debi√≥ de compartir h√°bitats con los bosquetes de marmulanes y de acacia blanca, y donde adem√°s de recibir la influencia atenuada de los alisios tambi√©n se ve favorecido por los monzones de invierno. En Marruecos, en las estribaciones meridionales del Antiatlas, las poblaciones de dragos viven tambi√©n en refugios donde comparten h√°bitat con Tetraclinis (parecida a una sabina), arganes y encinas, entre matorrales espinosos y cortejos flor√≠sticos que recuerdan a Macaronesia.

 

 

Todas estas comunidades termoescler√≥filas de uno y otro extremo de √Āfrica se han visto de alguna manera afectadas por la lenta pero implacable desertizaci√≥n del Sahara, que en apenas unos 10.000 a√Īos ha pasado de ser una estepa, una sabana y en muchas zonas incluso un bosque, al mayor y m√°s desolador desierto del mundo. Este otro cambio clim√°tico est√° llevando a que muchas especies, cada vez m√°s atrincheradas y que no est√°n encontrando los territorios o nichos adecuados para su supervivencia, se encuentren al borde de la extinci√≥n. A esto se a√Īaden los impredecibles vaivenes del actual cambio clim√°tico, en buena medida consecuencia del deterioro ambiental. Este grupo de plantas, que en alg√ļn momento remoto, junto a otros grupos de familias bien distintas, se vieron favorecidas o se originaron como consecuencia de alguna infecci√≥n-mutaci√≥n (alguna ‚Äúpicada de mosquito‚ÄĚ) que les facult√≥ de obesidad y adaptaci√≥n a los desiertos, se encuentran hoy ante otro tipo de factores, que desconocemos, de manera que en los mismos ambientes de desierto para el que supuestamente est√°n adaptadas, se les hace la vida incomoda. Como ya hemos comentado en alguna otra ocasi√≥n, todo hace sospechar que ya en su h√°bitat natural no se encuentran a gusto. Y el hombre, deliberadamente o no, interviniendo para que as√≠ sea.

 

 

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