Los dragos del archipiélago canario

Rafael S. Almeida Pérez

Geógrafo

Fotos: Rafael S. Almeida Pérez

El g√©nero Dracaena est√° representado en nuestras islas por dos especies arborescentes tipo ‚Äúdrago‚ÄĚ. La primera, c√©lebre desde hace varios siglos, corresponde a Dracaena draco (L.) L. subsp. draco, conocida como ‚Äúdrago macaron√©sico‚ÄĚ, ‚Äúdrago com√ļn‚ÄĚ, ‚Äúdrago canario‚ÄĚ, ‚Äúdrago de Canarias‚ÄĚ o ‚Äúdrago‚ÄĚ, simplemente. La segunda permaneci√≥ in√©dita para la ciencia hasta el a√Īo 1998, fecha en que fue descrita como Dracaena tamaranae Marrero Rodr., R.S. Almeida & Gonz.-Mart., exclusiva de la isla de Gran Canaria.

 

La extensa literatura que se ha ido generando en torno a estas plantas se ha volcado sobre todo en los caracteres más llamativos o curiosos, como la edad y la corpulencia de ciertos ejemplares, los usos y propiedades de su resina, sus supuestas cualidades mágicas y todas aquellas fábulas que los relacionan con dragones fantásticos y con los mitos de la Atlántida, los Campos Elíseos, el Jardín de las Hespérides, las Afortunadas, etc. Algunas de estas cuestiones han polarizado la atención de numerosas publicaciones, quedando muchos aspectos de la naturaleza de estos vegetales, en particular los referidos a su biología, estatus taxonómico, ecología, historia evolutiva, distribución, etc., relegados a un segundo plano o incluso ignorados.

 

Es en la √ļltima d√©cada cuando diversos trabajos de investigaci√≥n se han centrado en las cuestiones anteriormente se√Īaladas, observ√°ndose un renovado inter√©s por este grupo de plantas no s√≥lo en el √°mbito de los archipi√©lagos macaron√©sicos, sino tambi√©n en el vecino Marruecos, donde en 1996 se descubri√≥ una importante poblaci√≥n de dragos en el Anti Atlas, siendo descritos como Dracaena draco subsp. ajgal Benabid et Cuzin, as√≠ como en otros territorios muy alejados de nuestra realidad geogr√°fica en los que habitan otras dracaenas afines, en concreto en √Āfrica oriental (en el entorno del Mar Rojo y el Cuerno de √Āfrica), en la pen√≠nsula de Arabia y en la isla de Socotora, en el Oc√©ano √ćndico.

 

 

A la luz de los estudios m√°s recientes, pretendemos dar aqu√≠ una visi√≥n general de la situaci√≥n en la que se encuentran las dos especies que viven en Canarias, tanto de sus poblaciones naturales, presentes s√≥lo en las dos islas centrales, como cultivadas, donde el drago com√ļn (no as√≠ el de Gran Canaria) se halla muy extendido en todas las islas como planta ornamental, y en menor medida como forrajera, como ocurre sobre todo en La Palma, isla en la que hasta hace pocas d√©cadas se mantuvo su cultivo tradicional principalmente con este fin. Tratamiento aparte merecen los grandes espec√≠menes de D. draco que, con relativa frecuencia, pueden contemplarse en varios lugares del archipi√©lago, destacando por su n√ļmero los ejemplares existentes en la isla de Tenerife.

 

Sobra decir que los dragos forman parte de nuestra identidad sociocultural, siendo considerados junto con la palma canaria, el pino canario, el card√≥n y otras plantas de nuestra tierra, aut√©nticos s√≠mbolos de ‚Äúcanariedad‚ÄĚ, lo cual no quiere decir que en el imaginario colectivo popular no se mantengan muchos t√≥picos e ideas err√≥neas respecto a ellos. Por otra parte, resulta parad√≥jico que, pese a hallarse profusamente cultivados en nuestras islas, se encuentren desde hace tiempo en situaciones francamente rel√≠cticas en la naturaleza, con poblaciones catalogadas como en peligro (D. draco) o cr√≠ticamente amenazadas, como es el caso del drago grancanario.

 

Estado actual de las poblaciones naturales

 

Tenerife y Gran Canaria son las √ļnicas islas del archipi√©lago donde actualmente subsisten dragos en estado silvestre. En el resto no hay indicios de su presencia en la naturaleza, ni se han encontrado evidencias arqueol√≥gicas1 o paleontol√≥gicas que permitan confirmar su existencia en el pasado. Disponemos, no obstante, de citas tempranas de car√°cter historiogr√°fico2 para La Palma y La Gomera, constat√°ndose tambi√©n en estas islas varios top√≥nimos referidos a estas plantas, testimonios en su conjunto apreciables pero que por s√≠ mismos no son concluyentes.

 

 

En La Palma el drago com√ļn se encuentra cultivado en muchos lugares, pero no se detectan ejemplares que levanten sospechas sobre su √≠ndole agreste creciendo en los riscos de los barrancos que surcan las √°reas donde m√°s abundan. Igualmente llamativa resulta la ausencia de dragos en La Gomera, isla que por su antig√ľedad geol√≥gica, su proximidad a Tenerife y su propia orograf√≠a, re√ļne aparentemente todas las condiciones para que pudiera albergar alguna poblaci√≥n natural. El Hierro, por su car√°cter de isla muy joven, poco evolucionada y m√°s alejada, parece ofrecer menores probabilidades. En cuanto a Fuerteventura y Lanzarote, no hay la m√°s m√≠nima referencia hist√≥rica, pero si consideramos su antig√ľedad geol√≥gica, su cercan√≠a a √Āfrica y el papel primordial que han jugado como puentes de colonizaci√≥n del archipi√©lago, cabe suponer que los dragos pudieron existir en un pasado no necesariamente remoto, no descartando fechas posteriores incluso al poblamiento aborigen.

 

Por otro lado, es opini√≥n generalizada que los dragos debieron de ser muy abundantes en la √©poca prehisp√°nica, tal y como narran las fuentes historiogr√°ficas. Sin embargo, existen indicios que sugieren que tal vez no eran tan comunes en dicha √©poca. As√≠, llama la atenci√≥n la extraordinaria escasez de sus restos arqueol√≥gicos frente a la cantidad y variedad de otros vestigios vegetales hallados en los yacimientos abor√≠genes, tales como palma, pino, sabina, le√Īa buena, junco, etc., especies en su mayor√≠a tambi√©n referidas en dichas fuentes como abundantes, pero al contrario que aqu√©llos, lo siguen siendo hoy en d√≠a, pese a que han sido hist√≥ricamente objeto de una intensa explotaci√≥n. En La Palma y La Gomera, algunos textos los citan como muy frecuentes, formando bosques, por lo que resulta extra√Īo que en la actualidad no haya pervivido ni un solo pie salvaje colgado de alg√ļn pe√Īasco.

 

Isla de Tenerife

 

En Tenerife D. draco mantiene un bajo n√ļmero de efectivos silvestres que crecen habitualmente de forma aislada o en peque√Īos grupos. Conforme a los datos del Atlas y Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de Espa√Īa (2003), la poblaci√≥n estimada es de 696 individuos. En dicho estudio se excluyeron las √°reas potenciales m√°s antropizadas y urbanizadas: valle de G√ľ√≠mar, √°rea metropolitana de Santa Cruz-La Laguna, comarca de Tacoronte-Acentejo, valle de La Orotava y comarca de Icod.

 

En general habita en ambientes influenciados directa o indirectamente por los alisios, en lugares frecuentemente inaccesibles o de dif√≠cil acceso, en riscos, acantilados, laderas de barrancos, etc., conviviendo con diversas especies termoescler√≥filas, xer√≥filas y rup√≠colas. Su √≥ptimo altitudinal se sit√ļa en la franja de vegetaci√≥n term√≥fila y la orla superior del cardonal-tabaibal, entre 100 y 600 metros, aunque con cotas extremas que abarcan desde 30 hasta 975 metros. Sus poblaciones, reducidas y fragmentadas, se localizan casi enteramente en las zonas geol√≥gicas m√°s antiguas de la isla: los macizos de Anaga (en el noreste), Teno (al noroeste) y Adeje (suroeste).

 

 

Anaga constituye el √°rea principal, con un total de 445 ejemplares contabilizados en su mayor√≠a en la vertiente norte del macizo. Las mejores muestras se encuentran en el barranco de Taborno, Roque de Tierra, Roque de las √Ānimas-Roque de Enmedio, barranco de Igueste, Roque del Aderno-Monta√Īa Tafada, barranco de Afur-Ca√Īada de la Pesquer√≠a, barranco del R√≠o-Ahuaide-Chinamada, y Benijo-El Draguillo. Tambi√©n aparecen en el barranco de Vargas y en los cantiles de Bajamar hacia Punta del Hidalgo, entre el Roque Dos Hermanos y Punta de Tamadite, en el barranco Seco, Roque del Paso, Roque Marrubial, Taganana (Azanos), Las Palmas, barranco de Roque Bermejo-Chamorga, Monta√Īa de Las Toscas (Antequera) y barranco del Balayo.

 

En Teno se han registrado 84 pies vegetando en los paleocantiles de la isla baja entre Buenavista del Norte y Los Silos (Cecilia, Ravelo), as√≠ como en el barranco de los Cochinos, el barranco de Blas, los riscos de Interi√°n y en menor medida en Masca y otros barrancos aleda√Īos, donde perviven algunos ejemplares dispersos. En el macizo de Adeje se concentran en el barranco del Infierno y en el contiguo barranco del Agua, con una poblaci√≥n estimada de 161 individuos enraizados en los escarpes de ambos cauces, mientras que en el cercano barranco del Rey crece un √ļnico pie. Fuera de estos n√ļcleos principales sobreviven tres dragos en el barranco de Badajoz en G√ľ√≠mar y otros dos en el barranco de Guar√≠a, en Gu√≠a de Isora.

 

En general, la din√°mica poblacional se mantiene relativamente estable, observ√°ndose una perceptible regeneraci√≥n natural en el barranco del Infierno, Roque de Las √Ānimas, Roque de Tierra y otros enclaves, lo que indica una buena capacidad germinativa. No obstante, la recuperaci√≥n es lenta, comport√°ndose en general como especie regresiva evasiva y mostrando en la actualidad una limitada o nula capacidad de dispersi√≥n a larga distancia. Como amenazas principales hay que citar la fragmentaci√≥n y el tama√Īo reducido de sus poblaciones naturales, factores ambientales (vendavales, sequ√≠as, desprendimientos) y la presi√≥n zooantr√≥pica (ganado, incendios, excursionismo, escalada, alteraci√≥n del h√°bitat por proliferaci√≥n de pistas, fincas, viviendas de segunda residencia, etc.).

 

Isla de Gran Canaria

 

Todos los supuestos sobre la distribuci√≥n de dragos silvestres en esta isla se trastocaron con la descripci√≥n en 1998 del drago end√©mico D. tamaranae, al corresponder la pr√°ctica totalidad de los individuos que se conoc√≠an a este tax√≥n, al tiempo que se confirm√≥ la presencia de un √ļnico pie silvestre de drago com√ļn en el barranco de Pino Gordo, en el sector oeste. La concurrencia de uno y otro y sus marcadas diferencias morfol√≥gicas y ecol√≥gicas permitieron plantear la hip√≥tesis de que ambos debieron de coexistir ocupando los dos grandes √°mbitos biogeogr√°ficos a escala insular: D. tamaranae en la mitad suroccidental, m√°s x√©rica y geol√≥gicamente m√°s antigua, y D. draco en la nororiental, de geolog√≠a reciente y bajo el influjo de los alisios. El hallazgo posterior de improntas f√≥siles de D. draco en dep√≥sitos de tobas calc√°reas holocenas3 en el barranco de Azuaje, en el norte de la isla, vino a reforzar esta hip√≥tesis y a despejar cualquier duda sobre la presencia de esta especie en Gran Canaria, la cual, desgraciadamente, debe considerarse definitivamente extinta despu√©s de que el citado pie de Pino Gordo se marchitara a principios del a√Īo 2009.

 

 

D. tamaranae, por su parte, muestra una din√°mica demogr√°fica regresiva muy preocupante, con una poblaci√≥n exigua y severamente fragmentada cuyo censo m√°s reciente arroja un total de 79 individuos, de los que 67 son juveniles (no han florecido nunca) y solamente 12 son maduros. La mortalidad observada es alt√≠sima, 13 ejemplares en los √ļltimos 25-30 a√Īos4, lo que supone m√°s del 14% del total de sus efectivos. Por contra, la natalidad es nula para dicho periodo, al no haberse constatado la existencia de plantas j√≥venes que se puedan asignar al mismo, ya que todos los pies ‚Äújuveniles‚ÄĚ cuentan con decenas de a√Īos y muchos son centenarios.

 

Su √°rea de distribuci√≥n abarca el cuadrante suroccidental de Gran Canaria, desde el barranco de Fataga hasta el de Tejeda-La Aldea. Todos los ejemplares enra√≠zan en grietas y fisuras de riscos inaccesibles sobre materiales diferenciados del Primer Ciclo volc√°nico y del Ciclo Roque Nublo, creciendo de forma aislada y m√°s raramente en peque√Īos grupos, circunstancias que evidencian la situaci√≥n de refugio en que se encuentran a causa a la fuerte presi√≥n antropozo√≥gena. La especie ocupa la franja de vegetaci√≥n term√≥fila, integr√°ndose tambi√©n en comunidades de la orla superior del cardonal-tabaibal y del borde inferior del pinar, en cotas comprendidas entre 350 y 1.000 (1.270) metros de altitud. En su h√°bitat convive con otras plantas bien adaptadas a la sequ√≠a y la alta insolaci√≥n, como sabinas, jaguarzos, acebuches, pinos, etc., en unas condiciones ambientales m√°s x√©ricas que los lugares donde habita el drago com√ļn.

 

Casi todos los espec√≠menes censados crecen diseminados en dos √°reas separadas: Arguinegu√≠n-Tauro, donde sobreviven 52 pies, y Vicentillos-Fataga, con 20 individuos. La primera abarca la vertiente derecha del barranco de Arguinegu√≠n (el n√ļcleo poblacional m√°s importante, con 30 dragos), la vertiente izquierda del barranco de Mog√°n (10 individuos) y el macizo de Tauro, flanqueado por ambas vertientes y en cuyos barrancos interiores de Tauro, Taurito y Tang√ľing√ľi habitan 12 ejemplares. La segunda se localiza en el barranco de Los Vicentillos (12 pies), en el de Fataga (6) y en los emplazamientos aleda√Īos de Morro Garito y el Talay√≥n de la Cogolla. Fuera de las dos √°reas descritas sobreviven 7 pies muy dispersos en Las Tederas, Los Palmitos, Chamorisc√°n, Huesa Bermeja, Punta de Tabaibales, Inagua y Mesa del Junquillo.

 

 

El reducido n√ļmero de sus efectivos y la extrema fragmentaci√≥n de sus poblaciones constituyen una amenaza para su supervivencia, al margen de otras variables de riesgo como la ya comentada recesi√≥n demogr√°fica, anomal√≠as de car√°cter intr√≠nseco (p√©rdida de variabilidad gen√©tica, depresi√≥n por endogamia5), eventos naturales (vendavales, desprendimientos, sequ√≠as peri√≥dicas) y fuerte presi√≥n zooantr√≥pica (ganado, conejos, incendios, recolecci√≥n para hacer huroneras, proliferaci√≥n de pistas y de fincas pr√≥ximas a sus lugares de refugio, etc.).

 

Los dragos cultivados

 

Desde la √©poca prehisp√°nica y hasta nuestros d√≠as, los dragos se han venido utilizando en Canarias con distintos fines. Hist√≥ricamente, el aprovechamiento m√°s celebrado ha sido el de su famosa ‚Äúsangre‚ÄĚ como apreciado remedio medicinal, para la elaboraci√≥n de tintes y barnices y como dent√≠frico. Sobre sus usos y propiedades, as√≠ como sobre el comercio de que fue objeto en el pasado, existen multitud de escritos, muchos de ellos bastante antiguos, mientras que algunas de las publicaciones m√°s recientes se refieren a nuevos compuestos y principios activos en la composici√≥n qu√≠mica de su resina (sapogeninas, flavonoides) y sus posibles aplicaciones.

 

 

Menos conocidos pero no por ello menos importantes han sido otros aprovechamientos tradicionales, en particular del drago com√ļn, que conjuntamente con su utilizaci√≥n como especie ornamental, han auspiciado su propagaci√≥n y cultivo en muchos lugares del archipi√©lago. Entre tales aprovechamientos hay que citar el empleo de sus hojas como forraje para el ganado, para amarrar las vides y para fabricar cuerdas, y el de sus troncos y ramas ahuecadas para corchos de colmenas y huroneras. Estos usos y su introducci√≥n relativamente temprana en la jardiner√≠a local han transferido, con el paso del tiempo, una extraordinaria impronta paisaj√≠stica a muchos rincones de las islas, como es el caso de los espectaculares conjuntos de dragos de La Palma o el de la mayor√≠a de los espec√≠menes monumentales que crecen majestuosos en diferentes localidades canarias.

 

Hoy en d√≠a estos usos tradicionales han deca√≠do casi por completo, no as√≠ su utilizaci√≥n ornamental, habi√©ndose plantado en las √ļltimas d√©cadas miles de ejemplares de D. draco en jardines y espacios tanto p√ļblicos como privados. En ocasiones esta propagaci√≥n masiva se ha realizado de forma indiscriminada o inapropiada, observ√°ndose un buen n√ļmero de dragos plantados en sitios inadecuados o sin suficiente espacio, con exceso de riego, rodeados de c√©sped o de cemento, ubicados en zonas muy ventosas o pr√≥ximas al litoral (a veces en la misma l√≠nea de playa, mostrando las hojas ‚Äúquemadas‚ÄĚ por la salinidad), o en agrupaciones muy densas y con escasa separaci√≥n entre los individuos, no existiendo adem√°s ning√ļn control en el trasiego y manipulaci√≥n de semillas y plantas.

 

Los dragos antrópicos de La Palma

 

La mayor√≠a de los ejemplares de D. draco muestran en esta isla un porte ramificado desde la base y ramas delgadas casi verticales como resultado de su tradicional aprovechamiento forrajero, lo que ha propiciado su cultivo en diversas zonas, como El Zumacal, El Socorro y la Cuesta de San Jos√© en Bre√Īa Baja, y sobre todo en los caser√≠os de los municipios del norte, donde aparece incluso en √°reas potenciales del monteverde. Las mejores muestras se localizan en Las Paredes y La Tosca, en el municipio de Barlovento; en Franceses, El Tablado, Don Pedro6, El Mudo, El Palmar, El Jaral, Santo Domingo, Cueva de Agua, Las Tricias y Buracas, en el t√©rmino municipal de Garaf√≠a; y entre El Roque y el pueblo de Puntagorda. Algunas agrupaciones de dragos de estas localidades, como los de Buracas, El Jaral, El Tablado o La Tosca, recrean aut√©nticos dragonales y confieren al paisaje un atractivo extraordinario.

 

 

En estos caser√≠os las hojas de drago se han utilizado hasta fechas recientes como forraje invernal para el ganado, para la elaboraci√≥n artesanal de cuerdas y para amarrar las parras; las ramas y los troncos se han empleado para corchos de colmenas, aljabas (huroneras) e incluso para trampear morenas. En relaci√≥n a estos aprovechamientos, el campesino palmero comenta que era preciso ‚Äúhacer el √°rbol‚ÄĚ. Con un tajo limpio decapitaba la roseta terminal del joven drago para provocar su ramificaci√≥n, colocando encima del corte una piedra o tabla para evitar la acumulaci√≥n del agua de lluvia y la pudrici√≥n del tronco. Una vez ramificado, los deshojes y las sucesivas cortas de las yemas apicales produc√≠an una pronta y abundante ramificaci√≥n. Cuando alcanzaba un cierto tama√Īo, nuestro ingenioso hombre de campo iba ‚Äútrabajando el drago‚ÄĚ desde su interior, podando las ramas molestas y labrando una trama de pelda√Īos que le permit√≠an moverse c√≥modamente y acceder a cualquier parte del √°rbol. Con el progresivo abandono de estas pr√°cticas en las √ļltimas d√©cadas, en muchos sitios se observa c√≥mo los ejemplares m√°s j√≥venes, algunos incluso ya ramificados, crecen completamente normales, sin la pintoresca forma de sus progenitores.

 

 

Los pies monumentales7 de D. draco

 

No podemos acabar nuestra exposici√≥n sin hacer menci√≥n de estos gigantes que podemos admirar en muchos lugares del archipi√©lago. Respecto a la edad de estos espec√≠menes se ha especulado hasta la saciedad, habiendo sido sobreestimada en muchos casos y estando extendida la idea de que son los ejemplares m√°s viejos de su especie. En realidad la monumentalidad ni es la norma ni tampoco un car√°cter distintivo de una mayor longevidad. Autores como A. P√ľtter8, quien en su trabajo sobre ‚ÄúLa edad de los dragos de Tenerife‚ÄĚ expuso su conocido m√©todo9 y los resultados de sus estimaciones, o K. M√§gdefrau10, que retom√≥ la metodolog√≠a de su colega antecesor, reconoc√≠an este hecho al comentar que los dragos m√°s grandes deben considerarse una excepci√≥n, y que su ‚Äúmajestuoso desarrollo‚ÄĚ se debe a que crecen en unas condiciones muy favorables en comparaci√≥n con sus ‚Äúhermanos salvajes‚ÄĚ. Lindinger11, consciente de esta circunstancia y refiri√©ndose a Tenerife, sostuvo asimismo que ‚Äúen las localidades de dragos realmente silvestres no existen ejemplares gigantes‚ÄĚ, a√Īadiendo a continuaci√≥n que ‚Äúestos gigantes son un inmejorable ejemplo de una planta que alcanza dimensiones enormes porque se desarrolla totalmente libre de adversidades‚ÄĚ.

 

 

En efecto, el crecimiento de los dragos est√° fuertemente condicionado por el medio en que vegetan, pudiendo progresar muy r√°pidamente y alcanzar grandes dimensiones o, por el contrario, ralentizar extraordinariamente su desarrollo y adquirir un porte modesto o incluso raqu√≠tico. Dragos de un mismo semillero se plantaron hace cuarenta a√Īos en macetas y en el Parque Municipal de Arucas, alcanzando los primeros apenas el metro de altura y todav√≠a sin florecer, y m√°s de diez metros los segundos y mostrando cuatro niveles de ramificaci√≥n. Asimismo, muchos pies ‚Äújuveniles‚ÄĚ que habitan en los riscos de Tenerife y Gran Canaria y que presentan el t√≠pico tronco con su roseta terminal, prueba de que no han florecido, pueden tener varias d√©cadas o ser incluso centenarios, siendo a√ļn m√°s dif√≠cil determinar la edad de los ejemplares viejos con doce, quince o m√°s periodos florales que viven en esos riscos y que muestran por lo general un aspecto desgarbado. Probablemente son tanto o m√°s viejos que los ejemplares m√°s grandes que todos conocemos.

 

 

Tenerife es la isla que concentra el mayor n√ļmero de pies monumentales, empezando por el famoso drago de Icod, localidad donde tambi√©n se yergue el de San Antonio. En La Laguna destacan el hist√≥rico drago del Seminario (actualmente en muy mal estado), el de Cho Marcos Rat√≥n en Tejina, el de Valle Tabares y el de la ermita de San Miguel en Valle Guerra. En Los Realejos los de San Francisco y Siete Fuentes, ambos muy hermosos. En Tacoronte, el drago de San Juan12 (con 23 periodos florales, los mismos que el de Icod), el de Don Lucio, el del Cubano y el deteriorado drago del Cristo, a la salida del casco urbano. En Tegueste, el de Monta√Īa Los Dragos y el del Prebendado Pacheco. En G√ľ√≠mar, los dragos de La Raya y del Buen Retiro. En Santa Cruz, el drago del Cura en Taganana; en el Sauzal, el de la Sierva de Dios; en Puerto de la Cruz, el del Sitio Litre; en Buenavista del Norte, el drago de la Hacienda del Conde; y en Gu√≠a de Isora, el de Chiguergue. Otros pies notables son: el del barranco Agua de Dios, el del Camino de Las Peras, el del patio de la antigua Casa Izquierdo, el de la Plaza de la Concepci√≥n y el de la finca de San Francisco, en La Laguna; los dragos de La Quinta, en la entrada de la antigua vivienda de Jorge V√≠ctor P√©rez, en Santa √örsula; los de La Dehesa, La Mocana y la Candelaria del Lomo, en La Orotava; el del acantilado de La Paz, en Puerto de la Cruz; el de Buen Paso, en Icod; el de la Culata, en Garachico; y el del colegio Nazaret, en G√ľ√≠mar. En fechas recientes han desaparecido algunos ejemplares distinguidos, como el drago de San Bartolom√© de Geneto (v√≠ctima de la especulaci√≥n urban√≠stica) y el de la calle del Agua (hoy de Nava y Grim√≥n), ambos en La Laguna, y el del antiguo Hotel Pino de Oro en Santa Cruz.

 

 

En Gran Canaria perviven diez pies, destacando el drago del barranco de Alonso (el m√°s bello de la isla por su porte y ubicaci√≥n) y el de Las Meleguinas (con 27 periodos florales), ambos en Santa Br√≠gida. En Telde, el de Los Arenales (en el barrio del mismo nombre) y el de la finca de La Matanza (en el barranco de Las Goteras). En Las Palmas de Gran Canaria, el drago de la Data de la Concepci√≥n (en Tafira). En Valsequillo, el drago de Luis Verde; en Arucas, el del Jard√≠n de la Marquesa; en G√°ldar, el del patio del antiguo ayuntamiento; y en Moya, los dos dragos de la casa de los Delgado. Por desgracia, en los √ļltimos ocho a√Īos han desaparecido tres pies monumentales: el viejo drago de la antigua casa del comandante don Antonio de la Rocha en Telde (ten√≠a 26 periodos florales); el de la ermita del Carmen, en el barranco de Las Goteras (Santa Br√≠gida); y el de la finca de Grim√≥n, en G√°ldar.

 

 

En La Palma sobresalen los conjuntos de dragos ya comentados, as√≠ como los numerosos ejemplares centenarios que aparecen diseminados igualmente por los municipios de Puntagorda, Garaf√≠a, Barlovento y Bre√Īa Baja, mientras que en Bre√Īa Alta se ubican los conocidos dragos gemelos de esta localidad. En La Gomera destaca el drago del barranco de Tajonaje, al noroeste de Alajer√≥, citado en otras ocasiones como drago de Agal√°n o de Maga√Īa. En El Hierro merecen nombrarse el de Tigaday, en La Frontera, y el de la casa del Conde en Valverde. En Fuerteventura y Lanzarote, aunque no existen dragos monumentales sensu estricto, merecen citarse el del Cortijo en Antigua, el desaparecido drago de Tetir y el de La Florida, en San Bartolom√©.

 

 

 

Notas

1 En el Museo Insular de La Palma se conserva un objeto presumiblemente prehisp√°nico hallado a fines del siglo XIX y que estuvo depositado durante mucho tiempo en la Sociedad Cosmol√≥gica. Se trata de un recipiente cil√≠ndrico de unos 13 cent√≠metros hecho con un tronco ahuecado y forrado de piel cosida por costuras finas. Al parecer fue donado por un tal Benito Acosta Felipe a la mencionada sociedad en 1884. Seg√ļn reza el registro que realiz√≥ esta instituci√≥n, proced√≠a de una cueva de Los Sauces. En 1907 J.B. Lorenzo Rodr√≠guez lo present√≥ en La Cosmol√≥gica, describi√©ndolo del siguiente modo: ‚ÄúUn neceser √≥ costurero [...] formado de un tronco de madera y forrado o cubierto con piel adobada [...], con todos los √ļtiles de costura propios de aquella lejana civilizaci√≥n, como son: agujas y ojeteras, al parecer, de hueso de cabrito, y cuchillita de pedernal...‚ÄĚ. De nuestra observaci√≥n directa comprobamos que se trata de una ‚Äúmadera‚ÄĚ muy liviana y de aspecto acorchado que podr√≠a corresponder a un tronco o rama hueca de drago o incluso de verol, sin desechar cualquier otro tipo de corteza, cuesti√≥n dif√≠cil de discernir de visu debido a su mal estado de conservaci√≥n. Tampoco hay plena certeza respecto a su origen prehisp√°nico por tratarse de un resto arqueol√≥gico descontextualizado.

2 Le Canarien, Frutuoso, Torriani y Abréu Galindo son, por este orden, las referencias más tempranas e importantes. En la Palma lo citan las cuatro fuentes. En la Gomera, la primera y la segunda.

3 La edad estimada de estos dep√≥sitos es de unos 2.700 a√Īos.

4 En su mayor√≠a por marchitamiento. En los √ļltimos 10 a√Īos se han secado tres individuos y ca√≠do uno.

5 Se observan fenómenos frecuentes de fructificación tempranamente abortada y de albinismo en un porcentaje significativo de plántulas en bandejas-semillero y que en todos los casos necrosan y mueren.

6 En La Ladera, el propio caserío de Don Pedro, El Hornito, El Cabo y barranco Magdalena.

7 En Tenerife y Gran Canaria alguno de estos pies tal vez podría ser de origen natural o subespontáneo.

8 P√ľtter, A. ‚ÄúDas Alter der Drachenba√ľme von Tenerife‚ÄĚ. Die Naturwissenschaften, vol. 14, n¬ļ 8 (19. Februar 1926), pp. 125-129.

9 Dicho método sólo es aplicable a los dragos cultivados o que crecen en condiciones favorables.

10 M√§gdefrau, Karl. ‚ÄúDas Alter der Drachenb√§ume auf Tenerife‚ÄĚ. Flora, n¬ļ 164 (1975), pp. 347-357.

11 Lindinger, Leonhard. Beiträge zur Kenntnis von Vegetation und Flora der kanarischen Inseln. Hamburg: L. Friederichsen & Co., 1926.

12 Recientemente, en diciembre de 2009, presentaba una fuerte desfoliación en la mitad de su copa.

 

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