El agua del Pozo de Sabinosa, en El Hierro

Carlos Teixidor Cadenas

Fotos: Centro de Fotografía Isla de Tenerife - Colección Pérez Cruz - Colección MMM

Luis Nóbrega - Carlos Teixidor Cadenas

 

Desde hace más de 300 años, la isla de El Hierro cuenta con un pozo de aguas curativas, en la costa de Sabinosa. Fue perforado entre 1702 y 1704 para intentar abastecerse de agua potable, pero su agua resultó un tanto salobre, aunque muy útil para dar de beber al ganado. Pronto se comprobó que los animales y las personas de la zona gozaban de mejor salud.

 

Las propiedades del agua de ese pozo fueron conocidas fuera de la isla, acudiendo incluso personajes distinguidos. Así, por el año 1843, desde Gran Canaria llegó el conde de la Vega Grande, tomando esas aguas hasta recuperar la salud, convirtiéndose después en su mejor propagandista. Mandó analizar el agua en París, por el célebre doctor Orfila. También en 1843-1844, el “profesor de Farmacia” González Serrano analizó el agua, y el médico Bartolomé Saurín, residente en Tenerife, consiguió su declaración como agua minero-medicinal.

 

Otro médico, Miguel B. Espinosa, publicó extensos y documentados artículos sobre el Pozo de Sabinosa en la Revista de Canarias (septiembre de 1880) y en La salud: revista quincenal de intereses vitales (durante el año 1883). El Dr. Espinosa manifestaba haber pasado una buena parte de su juventud en la isla de El Hierro, y por tanto tener “datos suficientes para hablar con cierta autoridad sobre las especiales condiciones de aquellas aguas”.

 

La fama del Pozo de Sabinosa quedó consolidada. A pesar de las dificultades de acceso, continuó la peregrinación de enfermos y curiosos viajeros, especialmente durante el verano. Y quienes no se atrevían a realizar el penoso viaje, podían conseguir el agua en otras islas, pues era comercializada en pequeña escala en algunas tiendas y farmacias. Por ejemplo, el periódico Diario de Tenerife, el 19 de junio de 1890, publicó el siguiente anuncio: “En la Calle de la Noria núm. 47 se halla acreditado depósito de agua del Pozo de la Sabinosa”.

 

 

También se embarcó el agua rumbo a tierras americanas. Así, el Diario de Tenerife, el 21 de noviembre de 1891, reseñó la reciente salida –desde Santa Cruz– del vapor español Cristóbal Colón, para Puerto Rico y La Habana, con 99 garrafones de agua de Sabinosa. Otros productos isleños transportados en el mismo barco fueron: almendras dulces, vino, higos secos y papas.

 

En 1891 los baños se podían tomar con relativa comodidad y buena organización. Veamos lo que decía una crónica de Diario de Tenerife, el 17 de abril: “El día 1º de Mayo próximo se abre en Sabinosa de la Isla del Hierro la acreditada fonda de D. Manuel Pérez Cobela (a) [alias] Gallego. Tiene para la presente temporada de baños 14 habitaciones más que el año pasado y se promete dar a los bañistas el esmerado trato que acostumbra y de que ya tienen noticia personas de lo más escogido de esta Capital”. Y según otra crónica del 25 de agosto, “[...] son muchos los forasteros que han acudido en la presente temporada a tomar los baños y aguas del Pozo de Sabinosa”.

 

 

Lentamente se fue introduciendo y alternando el nuevo nombre de Pozo de la Salud para denominar el lugar, en vez de Pozo de Sabinosa. Por ejemplo, el mismo Diario de Tenerife, en una crónica aparecida el 29 de julio de 1891 decía: “Por cartas particulares recibidas de la isla del Hierro sabe un colega que en el punto denominado Pozo de la Salud, se han dejado sentir ligeros temblores de tierra”.

 

Llegado el año 1892, se conocen los resultados de nuevos análisis realizados en Inglaterra y se tienen más noticias de sus indicaciones curativas. Gracias a una crónica publicada en Diario de Tenerife el 2 de noviembre, nos informamos de que “El Dr. Adam, médico muy conocido en Liverpool, a quien se le mandó una muestra del agua de Sabinosa, procedente de los baños sulfurosos de la isla del Hierro, para ser analizada, escribe lo siguiente: Este análisis indica una excelente agua salinosa purgativa muy útil en todos los casos de enfermedad del hígado, y para algunas afecciones de los riñones, de donde puede sobrevenir la hidropesía [edema]. También será muy beneficiosa en las enfermedades del cutis que resultan, como es frecuente, de la corrupción de la sangre a causa del reuma y gota.- Una serie de baños en esta agua, unida a la residencia durante algunas semanas en las islas Canarias, disfrutando de la benéfica acción de su magnífico clima, pronto repondrían al enfermo dándole salud y fuerza”.

 

En libros escolares utilizados para la enseñanza infantil en Canarias también se mencionaba la existencia de aguas medicinales en Sabinosa. El libro de texto más representativo fue el titulado Descripción geográfica de las islas Canarias (Santa Cruz de Tenerife, 1897), escrito por el maestro Juan de la Puerta Canseco. En el capítulo sobre El Hierro, y después de recordar el célebre árbol Garoé, derribado por un furioso huracán, en otro párrafo se dice: “Tiene una fuente medicinal llamada de Sabinosa, que ha adquirido gran renombre por los saludables efectos de sus aguas, que son purgativas. Inmediatas al manantial hay dos casas de hospedaje”. Y en nota a pie de página transcribe el antiguo análisis practicado por el farmacéutico González Serrano.

 

 

En guías turísticas de Canarias se resaltaba la importancia del pozo. En guías británicas, como las de Samler Brown, editadas entre los años 1889 y 1932, se decía que esas aguas minerales eran muy utilizadas para enfermedades de la piel. Entonces ya existía un turismo de salud, y ese autor escribía sus libros para orientar a turistas y enfermos crónicos, como queda de manifiesto, por ejemplo, en el título de su segunda edición, año 1890: Madeira and the Canary islands: a practical and complete guide for the use of invalids and tourists.

 

Entre las guías editadas en Canarias podemos destacar la titulada: ABC de las islas Canarias: guía práctica ilustrada, turista-comercial, segunda edición, año 1912. En su apartado sobre El Hierro resalta un texto titulado “Fuente medicinal”, que en parte trascribimos: “Obra de los Volcanes de esta isla es el manantial de aguas sulfurosas, llamado de Sabinosa, que nace en la playa en un pozo de 11 metros de profundidad entre rocas basálticas [...]. El agua es termal, clara, transparente, de sabor salado, gases sulfurosos y de efectos purgantes. Su temperatura al salir tiene 36º centígrados, destilándose por los poros de infinidad de piedras lávicas. Se recomienda contra toda clase de enfermedades de la piel”.

 

Fotografías antiguas del pozo

 

La fotografía más antigua del Pozo de Sabinosa, o Pozo de la Salud, fue tomada el 27 de septiembre de 1883 por John Harris Stone, marido de la escritora Olivia M. Stone. Ambos viajaron por las siete islas desde septiembre de 1883 hasta febrero de 1884. Olivia escribió el texto del libro titulado Tenerife and its six satellites (Tenerife y sus seis satélites), que se publicó ilustrado con numerosos grabados obtenidos a partir de las fotografías de su marido. Esta obra salió en primera edición en 1887, y la segunda vio la luz en 1889. Sobre el agua mineral, Olivia comentó que estaba algo tibia y tenía un ligero sabor a azufre; describió el brocal del pozo anotando que estaba levantado con cuatro piedras planas que formaban un cuadrado de unos dos pies de alto.

 

 

John H. Stone tomó otras fotografías en la isla de El Hierro, también en septiembre de 1883. Una vista de Valverde, con la iglesia parroquial de la Concepción en primer término, está reproducida en el libro La fotografía en Canarias y Madeira: 1839-1900, de Carlos Teixidor (Madrid: el autor, 1999). Pero como la fotografía original del pozo (titulada “Mineral Well”) no ha podido ser localizada, en el presente artículo se reproduce su versión en forma de grabado.

La siguiente fotografía, por orden de antigüedad, es la espléndida vista tomada hacia los años 1895-1901, en la que vemos un grupo de doce personas reunidas junto al brocal del pozo. En la gran ampliación, al comienzo de este artículo, destaca la presencia de un hombre con gafas, elegantemente vestido, con lazo blanco al cuello, que sostiene un vaso de vidrio lleno de agua. Quizás tenga cierto parecido con el famoso “médico ruso” (Eduardo Dolkowsky), que residió en El Hierro entre los años 1900 y 1904. Una segunda posibilidad sería que fuese el médico tinerfeño Juan Bethencourt Alfonso. En cualquier caso se trata de una persona muy distinguida.

 

Existe otra fotografía de la misma serie, encuadrando el incipiente núcleo de casas del Pozo de la Salud. Entre las rocas se ven seis personas, y más arriba algunas de las casas donde se tomaban los baños. Esas dos fotografías, de autor desconocido, han sido facilitadas por el Centro de Fotografía Isla de Tenerife, que conserva sus respectivos negativos originales de vidrio, del formato 9 x 12 cm.

 

 

Miguel Brito, fotógrafo establecido en Santa Cruz de La Palma, fue el autor de la vista en la que podemos contar más de 40 personas reunidas junto al pozo. Esta imagen, tomada entre los años 1905 y 1910, es de gran interés etnográfico. Se distinguen diversos objetos imprescindibles: dos cubos metálicos, atados a sus respectivas cuerdas, para extraer el agua del pozo; dos tinas de madera para almacenar el agua; dos latas para calentar el agua de los baños; un pequeño barril o pipa; y diversos vasos para beber. Unas 10 personas están tomando agua, quizás para purgarse. Esta fotografía antigua perteneció a la colección de José Antonio Pérez Cruz, pero ahora se conserva en la Fedac, del Cabildo de Gran Canaria.

 

La tarjeta postal fotográfica titulada Nº 106. Paisaje campestre... también es muy interesante, aunque está rotulada erróneamente como si fuese de Tenerife. En esta vista se puede comprobar la presencia de ganado vacuno en cercana convivencia con las personas. La imagen fue tomada, entre los años 1911 y 1913, por J.B. Laforet, de la casa tinerfeña Photo-Art. Esta postal pertenece a la colección privada de José Antonio Pérez Cruz.

Por último vamos a comentar un par de postales datables hacia los años veinte, de la marca Foto M, de encuadre vertical. En la solitaria vista del Pozo de la Salud no aparecen personas, sólo se adivina un caballo. Todavía no se había construido el viejo balneario. Y en la otra vista se ven algunas casas dispersas del pueblo de Sabinosa. Ambas tarjetas son del formato 9 x 14 cm, un poco menores que las actuales postales. Pertenecen a la colección de Manuel Martín Martínez, un canario residente en Londres.

 

 

El ingeniero Vallabriga

 

El ingeniero militar José Rodrigo-Vallabriga y Brito (Cuba, 1876-Santa Cruz de Tenerife, 1965) fue un gran entusiasta de las aguas del Pozo de la Salud desde las primeras décadas del siglo XX. De familia de tradición militar, sirvió en la misma profesión en el Arma de Ingenieros. Y como su madre era herreña, siempre tuvo especial cariño por El Hierro.

Persona muy activa y polifacética, intervino en la construcción de la parte de hormigón de la catedral de La Laguna, cuyas obras casi finalizaron en 1913. Y en la isla de El Hierro proyectó numerosas obras militares y civiles. Fue una especie de protector del pueblo de Sabinosa, favoreciendo los intereses materiales de sus habitantes y promocionando el grupo folclórico local.

 

Antes de interesarse por la explotación de las aguas del Pozo de la Salud, en el año 1905 obtuvo autorización para “alumbrar aguas subálveas en el cauce del barranco Los Corralillos y sus afluentes; en el término municipal de Agüimes (Gran Canaria)” (Gaceta de Madrid, 22 de junio de 1905).

 

 

Años después, en 1923, se publicó lo siguiente: “D. José Rodrigo Vallabriga ha presentado en el Gobierno civil instancia y documentos solicitando la concesión para la explotación y venta en botellas de las aguas mineromedicinales del pozo de la Salud, en Sabinosa, término municipal de La Frontera en la isla del Hierro; y la expropiación de doscientos metros cuadrados del terreno donde dicho pozo se halla enclavado” (Diario de Las Palmas, 7 de febrero de 1923).

 

Dos años más tarde obtiene la concesión para explotar con derecho exclusivo las aguas del pozo, por 99 años, con algunas condiciones establecidas por el Ayuntamiento de La Frontera. Sin embargo, el ingeniero Vallabriga tardó todavía cerca de 30 años en construir un balneario y embotellar las aguas de forma industrial. Antes ocurrieron muchas calamidades: la Guerra Civil, la escasez de la posguerra, y la terrible sequía del “año de la seca” (1948), que ocasionó la emigración de la mitad de la población de la isla.

 

 

El coronel Vallabriga, al cumplir la edad reglamentaria de 62 años, pasó a la situación de reserva en enero de 1938, y hacia 1940 se retiró. Con la jubilación pudo dedicarse intensamente a sus aficiones y a tratar de sacar adelante la explotación del Pozo de la Salud. Poco a poco fue salvando todos los obstáculos burocráticos, tales como registrar una marca o conseguir la declaración de utilidad pública.

 

Como presidente de la Comunidad Aguas de Sabinosa, en 1945 solicitó y obtuvo el registro de la marca denominada “Aguas de Sabinosa” en el Registro de la Propiedad Industrial. Es decir, en primer lugar se protegió el nombre “Aguas de Sabinosa” para distinguir esas aguas minero-medicinales. Como ampliación o derivación de la marca anterior, en 1946 solicitó registrar el diseño de una etiqueta rectangular con el dibujo de un frondoso árbol rodeado de un castillo y un león (tal como vemos en la página anterior). Pero en 1948 se denegó la concesión en la forma solicitada, por tener ligero parecido con otras cinco marcas, en las que también aparecían árboles u otros elementos similares. Por ejemplo, en 1944 ya se había solicitado el registro de una etiqueta de la marca “El Manzano” (de Almonaster, Huelva), que utilizaba el dibujo de un manzano como distintivo de sus “aguas milagrosas”. Los expedientes se conservan en la Oficina Española de Patentes y Marcas, en Madrid.

 

 

Un paso decisivo fue conseguir que se declarasen “de utilidad pública las aguas de Sabinosa, en el pozo denominado La Salud”. En el Boletín oficial del Estado de 24 de mayo de 1949, se publicó esa declaración efectuada mediante orden del Ministerio de la Gobernación. La solicitud la efectuó el Sr. Vallabriga, aunque en el expediente es citado erróneamente como “Villabriga”. Las aguas fueron clasificadas como “clorurado-sódicas sulfatadas”, autorizándose su venta en forma embotellada.

 

En los años 50 y comienzos de los 60, el agua se vendía en botellas de vidrio, elegantemente serigrafiadas con tinta roja. No se empleó el dibujo del árbol, sino una representación del sol en el horizonte, emitiendo sus rayos. Entre las frases impresas se podía leer: “Medalla de oro en la Exposición Ibero-Americana de Sevilla”, “Aplicaciones: [...] el digestivo más poderoso, cólicos, riñón, [...] hígado, intoxicaciones, fatiga [...], eczemas, venéreo, sífilis, estreñimiento”, “Las aguas más radio activas del mundo”.

 

 

La explotación era una pequeña industria casi artesanal. En el Pozo de la Salud, el agua recién extraída era introducida en garrafones, que se precintaban. Y esos garrafones se transportaban en barco hasta Santa Cruz de Tenerife. Allí, en un local de la plaza de la Iglesia, se procedía a su trasvase a botellas de vidrio. Y a continuación se distribuía a los comercios que la solicitaban, de Tenerife y de otras islas.

 

En Lanzarote, por ejemplo, el agua se podía comprar en Arrecife, en el año 1962. Veamos extractos de un anuncio en la prensa local: “Agua de Sabinosa. Elimina las causas de muchas enfermedades. Ayuda a combatir y a curar enfermedades inevitables”; “Indigestiones, intoxicación, cólicos, etc., desaparecen, en el acto, con unos vasos de esta agua maravillosa. Como Agua de Mesa es muy agradable, fría o con vino, y permite cualquier exceso en las comidas” (Antena: semanario deportivo-cultural, 29 de mayo de 1962).

 

 

Con 89 años falleció José Rodrigo-Vallabriga, en Santa Cruz de Tenerife, en abril de 1965. En su última etapa parecía disfrutar de una envidiable salud, que era buena propaganda de las aguas que promocionaba. Aparentemente, el agua del pozo fue su elixir de la eterna juventud. Tras su desaparición física, su obra se fue desmoronando lentamente. El agua dejó de embotellarse y el incipiente balneario quedó abandonado. Terminó así una efímera edad de oro del Pozo de la Salud, que aunque con deficiencias, contaba con lo más importante: un agua pura y curativa.

 

El libro de Jacinto

 

El sastre y humorista Jacinto del Rosario (Gran Canaria, 1898-Santa Cruz de Tenerife, 1958), publicó en 1950 una divertida crónica autobiográfica que tituló Viaje estrambótico al Pozo de la Salud. El libro, de 121 páginas, fue editado en Santa Cruz de Tenerife e ilustrado por el propio autor (salvo el dibujo de la sobrecubierta). Viene a ser un libro de aventuras que relata su viaje y estancia en el Pozo de la Salud, tomando las aguas. Es un testimonio de primera mano de las experiencias reales (aunque noveladas) de un “agüista”, o bañista, que quiere guiar a otros viajeros. Y el mejor recuerdo para los que ya estuvieron. Es un manual para conocer los rituales que entonces seguían quienes necesitaban tomar las aguas.

 

 

La parte más interesante comienza en el capítulo V, con la llegada al pozo. Allí es recibido por “Valentina, la tamborilera” (la célebre “doña Valentina, la de Sabinosa”), que, junto con su marido Esdras, preparaba los baños calientes. Con sólo introducir un dedo en el baño, doña Valentina comprobaba la temperatura del agua y exclamaba: “¡Ya está calentita; puede meterse!”.

 

Doña Valentina Hernández (Sabinosa, 1891-1976) es bien recordada como folclorista y cantadora, y fue la mejor representante de la música tradicional herreña. Tocaba el tambor y cantaba antiguas melodías, con el acompañamiento de su agrupación, con pitos y chácaras. En su repertorio de cantos y bailes herreños destacaban el Arrorró, el Tango y el Vivo. Nos dejó una frase para meditar: “las costumbres de los viejos no deben de abandonarse”. Jacinto escribió en su libro: “En esta mujer se condensan todas las tradiciones de este viejo lugar, mantenidas de padres a hijos. Nada sufre aquí alteración renovadora. Sólo existe una teoría moral: ¡Así me lo dejaron, así lo dejo!”.

 

 

Respecto al Pozo de la Salud, las actividades de doña Valentina están puntualmente recogidas en el libro de Jacinto. Atendía y orientaba a los clientes, preparaba los colchones, el agua de malva, los baños, o traía un farol. Pero también Jacinto escribió sobre los descansos: “Estas horas de asueto son aprovechadas por Valentina, la gran animadora, para, tambor en ristre, endilgarnos alguna de sus encantadoras melopeas”.

 

La acción transcurre en el verano de 1949 (aunque no se dice). En ese año Jacinto sufrió la operación urgente de una hernia estrangulada, y más tarde marchó al pozo a terminar de recuperarse. Pero no fue su primer viaje al pozo, sino la séptima vez consecutiva que tomaba las aguas de Sabinosa. A través del periódico La tarde, de los años 1949 y 1950, podemos seguir la vida del popular Jacinto, que escribía artículos y dirigía una compañía teatral de aficionados.

 

 

Todos los años, desde hace siete, me traslado a la pequeña isla de Ombrios y durante un mes convivo con sus habitantes y comparto con ellos la situación en que [se] halla sumida, todo ello mitigado por la bondad indiscutible de las aguas de Sabinosa, que durante todo este tiempo sostienen como cosa de milagro la carcomida ruina de mi organismo” (Jacinto, La tarde, 13 de enero de 1950). Por cierto, “Ombrios” es el nombre de una de las islas Afortunadas que citó Plinio, y para algunos autores se identifica con El Hierro.

 

Doña Rosa

 

La última gran entusiasta del agua del Pozo de la Salud fue doña Rosa, la propietaria de Casa Rosa, el único alojamiento de los bañistas en los años 70 y 80 del siglo XX. En esta época la zona del pozo estaba en decadencia, con muchas casitas arruinadas y el viejo balneario abandonado. Solamente doña Rosa mantenía la tradición. Y eso que doña Rosa era una señora de Las Palmas, que se mudaba al pozo en la temporada de los baños (de mayo a octubre).

 

A finales de octubre de 1981 bebí las aguas del Pozo y tomé los baños calientes por primera vez. El lugar me pareció el fin del mundo, pues llegué caminando muchos kilómetros por carreteras sin asfaltar. El paisaje me pareció maravilloso y allí permanecí una semana descansando y practicando la hidroterapia. Era el único huésped de Casa Rosa. Con un libro de botánica y mi cámara fotográfica, también realicé largas caminatas, incluso hasta el faro de Orchilla. Desde entonces, el oeste de El Hierro es mi paraíso.

 

 

En tiempos de doña Rosa se realizó una acertada variación en la tradición de los baños, y el baño caliente se empezó a dar por la mañana, inmediatamente después de la purga y de beber una tisana. Anteriormente, incluso en la época de doña Valentina, sólo la purga era por la mañana, mientras que el baño se tomaba al anochecer. Desconozco las razones de la innovación, pero me parece más saludable un baño muy caliente en ayunas, después de haber limpiado todo el aparato digestivo bebiendo litros y litros de agua.

Los baños tradicionales se tomaban a una temperatura entre 42 y 45 grados centígrados (o Celsius), durante 15 minutos. El primer día convenía empezar con una temperatura moderada, de cerca de 42 grados. Y en los días siguientes se iba subiendo lentamente, hasta llegar a la temperatura máxima que se pudiese soportar sin malestar. En mi caso, a 45 grados estaba perfectamente, pero a 46 ya no. Doña Rosa, por su larga experiencia, ponía justamente los baños a 45ºC.

 

En 1981, en Casa Rosa, solamente trabajaban doña Rosa y su marido. Y por las tardes se acercaba a conversar doña Pancha (Francisca Machín), que vivía en una casita de los alrededores. Doña Pancha hilaba continuamente, porque tenía un telar arriba, en el pueblo de Sabinosa. Estas tres personas eran los únicos habitantes estacionales del Pozo de la Salud. El ambiente era familiar, y los días trascurrían llenos de anécdotas simpáticas.

En 1982 regresé al pozo. La novedad era que había fallecido el marido de doña Rosa, y ahora le ayudaba un muchacho de Las Palmas llamado Jacinto (que no hay que confundir con el escritor del libro). En 1982 el agua todavía era pura y curativa, aunque no creo que realizasen análisis. Para las purgas, los propios clientes sacábamos el agua del pozo, con un cubo y una larga cuerda (la profundidad del pozo es de 10’6 m, sin contar el brocal). Era muy agradable extraer el agua personalmente y beberla de inmediato, a su temperatura natural de 36 ó 37 grados.

 

 

El nuevo hotel-balneario

 

En 1995 el Cabildo de El Hierro inauguró las instalaciones del nuevo Hotel-Balneario Pozo de la Salud, con categoría de tres estrellas. Presenta una oferta turística moderna, con muchos complementos: piscina, masajes, tratamientos de belleza, sauna, gimnasio, circuito de aguas, etc. Es un buen hotel para pasar una temporada de descanso. Tiene personal eficiente y correcto. Y entre 2009 y 2010 se ha sometido a obras de mejora. Junto con el Parador, atrae un turismo de calidad.

Respecto a los baños tradicionales, el nuevo hotel los incorporó como una opción minoritaria. Quizás faltó el asesoramiento de doña Rosa, que en el año 2001 ya era mayor de 80 años, pero todavía cuidaba su casa, sus animales y sus recuerdos. Tras fallecer doña Rosa, su casa ha permanecido cerrada. Como sugerencia, podría crearse un museo o un centro de interpretación sobre el agua del Pozo de la Salud, abarcando las construcciones de la antigua Casa Rosa y las casitas de los alrededores, como el “cuarto” del ingeniero Vallabriga.

 

La vida transcurría plácidamente, estando todos adormilados en sus rutinas, cuando en octubre de 2008 se publicó la noticia de que las aguas del pozo estaban muy contaminadas por bacterias. La información fue redactada por el suizo Ruedi Rohr y publicada en el periódico El Hierro digital (www.elhierrodigital.es). La noticia original, y decenas de artículos del tema, pueden leerse en ese periódico, en Internet, agrupados en un informe monográfico titulado “Por la salud del pozo”.

 

Desde el Cabildo de El Hierro se respondió intentando desmentir la información, pero reconociendo que el agua “se filtra y es analizada”. Es decir, como las autoridades ya sabían que el agua no era potable, decidieron tratarla para depurarla. Así es que el agua ha sido sometida a toda una batería depurativa, con filtros físicos, ozono y rayos ultravioletas, logrando eliminar el 85 % de las bacterias, pero no el 100 %. Por tanto, y hasta que no se solucione el problema, no conviene beber el agua del pozo, ni tampoco la depurada.

 

Es fundamental tener en cuenta que el agua declarada minero-medicinal, de utilidad pública, debe ser bacteriológicamente sana en origen. Legalmente no está permitido tratar esas aguas, porque deben ser puras. La calidad “agua minero-medicinal” es la máxima, y no es correcto sustituirla por agua potable preparada.

La calidad original del agua debe y puede recuperarse. El agua del Pozo de la Salud ha sido uno de los símbolos de identidad de la isla.

 

Es necesario trabajar eficazmente para eliminar las causas de la contaminación actual. Se han ido construyendo casas sobre el acuífero, cerca del pozo, y ninguna red de alcantarillado es segura al 100 %. Además existen algunos pozos negros, que habría que limpiar y suprimir. Y también es una amenaza el futuro polo turístico de la zona.

 

 

En cuestión de meses el agua podría volver a ser pura, si se toman medidas acertadas. El pozo mejoraría con un cierto perímetro de protección, libre de casas habitadas y de asfalto. Con el asesoramiento de expertos en aguas minero-medicinales se podría delimitar esa zona de seguridad y establecer un plan de recuperación. Finalmente, en marzo de 2010, la Plataforma Pro-Defensa de los Intereses del Municipio de La Frontera ha propuesto la celebración de un Congreso Internacional de Aguas Minero-medicinales, coincidiendo con la futura reapertura del Hotel-Balneario. Esta idea es muy positiva, porque así se podrá certificar la calidad del agua e iniciar una nueva etapa de prosperidad para la isla.

 

Nota final

La historia del agua de este pozo es muy interesante y merecería ser publicada en forma de libro monográfico. Durante el próximo curso académico 2010-2011, en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Laguna, está previsto que el médico Fabián Hernández Romero defienda su tesis Contribución al estudio de las aguas minero-medicinales del Pozo de la Salud. Isla de El Hierro. Deseamos que sea publicada y que las aguas del pozo recuperen su esplendor.

 

 

ANÁLISIS QUÍMICOS DEL IGME

Fechas

pH

Conductividad

Cloruros

Sulfatos

Bicarbonatos

Sodio

Potasio

Calcio

Magnesio

Sílice

10/01/1973

7’3

12700

4840

768

1379

2782

120

168

478

25

26/05/1973

7’2

4207

713

1390

2450

137

152

433

18’5

03/07/1980

6’7

9700

4524

757

982

2680

25

70

433

31’2

02/10/1981

8

16400

4790

818

1012

2750

144

85

481

45’6

25/06/1984

8’9

13380

4533

494

884

2551

119

16

439

70

17/05/1989

7’5

15530

4989

898

1430

3050

132

180

500

 

 

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