Sangre de drago

Lazaro S√°nchez-Pinto (Director del Museo de Ciencias Naturales)

Rafael Zárate (Investigador del Instituto Canario de Investigación del Cáncer (ICIC))

 

En la madrugada de un d√≠a de agosto de 1403, una peque√Īa nave al mando del caballero normando Gadifer de La Salle fonde√≥ en la bah√≠a de Gando, el gran puerto natural situado entre Telde y Ag√ľimes, como es descrito en Le Canarien, la cr√≥nica francesa de la conquista de Canarias. Al amanecer, en la playa se hab√≠an congregado unos 500 canarios que observaban atentamente los movimientos de la barcaza y su tripulaci√≥n. A trav√©s de Pedro el Canario, el int√©rprete o ‚Äúlengua‚ÄĚ que iba a bordo, Gadifer les propuso realizar algunos trueques, a lo que se avinieron los canarios, no sin cierta desconfianza por ambas partes. La cr√≥nica a√Īade que les trajeron ‚Äúhigos en gran cantidad y sangre de drago que cambiaron por anzuelos, viejos utensilios ferrugientos y agujas para coser; y obtuvieron sangre de drago que val√≠a a lo menos doscientas doblas de oro y todo cuanto les entregaron no val√≠a m√°s de dos francos‚ÄĚ.

√Čsta es la primera informaci√≥n hist√≥rica fidedigna sobre la sangre de drago de Canarias.

 

La sangre de drago en la Antig√ľedad

 

La sangre de drago fue un producto famoso y muy apreciado en la Antig√ľedad por las extraordinarias propiedades medicinales que se le atribu√≠an. Su origen, sin embargo, era desconocido y se mantuvo envuelto en un halo de misterio durante mucho tiempo.

 

 

Una leyenda oriental cuenta la historia de un elefante y un basilisco ‚Äďuna especie de drag√≥n o serpiente con patas y alas‚Äď que se enfrentan en una encarnizada lucha a muerte. El basilisco se enrosca en el cuerpo del elefante y le desgarra la piel con sus zarpas y dientes. La p√©rdida de sangre debilita al robusto paquidermo, que cae estrepitosamente al suelo, aplastando de paso al extra√Īo reptil. En su letal agon√≠a, la sangre de ambas bestias se mezcla y, al coagularse, forma una masa amorfa que resulta poseer virtudes maravillosas. Esta leyenda fue recogida por Plinio el Viejo (siglo I d.C.) en su monumental Historia naturalis, y posteriormente se extendi√≥ por toda Europa. Plinio la llam√≥ sanguis draconis, y con ese nombre latino figura en numerosos textos medievales europeos.

 

Una versi√≥n parecida se encuentra en la literatura √°rabe cl√°sica, donde los protagonistas son dos hermanos que pelean entre s√≠, muriendo ambos en un ba√Īo de sangre, dam al-ajawayn, que quiere decir ‚Äėsangre de los dos hermanos‚Äô, y as√≠ se conoci√≥ y comercializ√≥ en el mundo isl√°mico medieval, incluyendo los califatos de al-√Āndalus.

 

 

En realidad, el aut√©ntico origen de la sangre de drago ya se conoc√≠a desde mucho antes, pero se mantuvo oculto por puro inter√©s econ√≥mico. Conviene aclarar que no se trataba de la sangre de los dragos canarios, cuyo comercio es muy posterior (principios del siglo XV), sino de la procedente de los dragos de Socotora, una isla situada frente al Cuerno de √Āfrica. En Periplus maris Erythraei, una obra del siglo I d.C. que narra el viaje de navegantes griegos por el mar de Arabia, se describe la isla Diosc√≥rida, donde crecen unos √°rboles que exudan una resina de color rojo llamada cinnabaris. Sin duda se refer√≠an a los dragos de la especie Dracaena cinnabari, end√©micos de Socotora.

 

Un f√°rmaco fabuloso

 

La sangre de drago de Socotora llegó a Europa con la expansión del Islam a partir del siglo VIII, junto con otros famosos productos vegetales de esa isla, como el acíbar (jugo de plantas del género Aloe), la mirra (resina de arbustos del género Commiphora) y el incienso (resina de árboles del género Boswellia).

 

 

Poco despu√©s de la penetraci√≥n musulmana en la Pen√≠nsula Ib√©rica, esos f√°rmacos ya se pod√≠an adquirir en las boticas de al-√Āndalus. El m√©dico granadino al-Dinawari (siglo IX), autor de un voluminoso libro sobre productos naturales, parece confirmarlo: ‚ÄúMe han informado que la sangre de drago (dam al-ajawayn) y la mirra (murr) la traen de Socotora (Suqutra), de donde vienen con el ac√≠bar socotrino (sabir suqutri)‚ÄĚ.

 

Ibn Yulyul, otro m√©dico andaluz que ejerci√≥ en C√≥rdoba en el siglo X, hab√≠a o√≠do decir que en C√°diz crec√≠a un √°rbol que produc√≠a esa droga: ‚ÄúLa hay en al-√Āndalus, en la pen√≠nsula de C√°diz. Eso me dijo un verdulero que lo vio con sus propios ojos, pero no hay muchos, sino un √ļnico √°rbol‚ÄĚ1.

 

Sin embargo, para el agr√≥nomo sevillano al-Isbili, autor de un tratado sobre vi√Īedos en el siglo XII, la aut√©ntica naturaleza de la sangre de drago no estaba clara: ‚ÄúHay diversas opiniones al respecto, unos dicen que dam al-ajawayn es el jugo de una planta, otros que la goma de un √°rbol, otros que un compuesto artificial‚ÄĚ. Los √°rabes tambi√©n comercializaban una resina roja que obten√≠an de algunas palmeras del sureste asi√°tico, de propiedades parecidas a las de la sangre de drago.

 

 

Para mayor confusi√≥n, la planta de la que se obten√≠a el preciado f√°rmaco recib√≠a diferentes nombres, como s√Ęyy√£n, citado por la mayor√≠a de los galenos de al-√Āndalus. Algunos opinaban que era un √°rbol, otros que una palmera, mientras que para otros se trataba de una planta suculenta. Todav√≠a en el siglo XIII, el f√≠sico al-Baytar, oriundo de Benalm√°dena (M√°laga), advert√≠a del impreciso significado de la palabra s√Ęyy√£n: ‚ÄúObservad que en al-√Āndalus se denomina as√≠ vulgarmente a la gran especie de telefio‚ÄĚ.

 

El telefio al que se refiere el autor debe corresponder a alguna de las crasul√°ceas de la Pen√≠nsula Ib√©rica, todas ellas parientes lejanas de los verodes canarios del g√©nero Aeonium. No deja de ser curioso que, en algunas localidades isle√Īas, al verode lo llamen say√≥n.

 

Con un origen tan misterioso y unas virtudes tan extraordinarias, no sorprende que la sangre de drago se convirtiera en un producto muy cotizado en la Europa medieval. Aparte del inter√©s terap√©utico, se le atribu√≠an propiedades m√°gicas y entraba en la composici√≥n de p√≥cimas, elixires e, incluso, de la piedra filosofal. Su comercio se fue extendiendo, y en el siglo XIII ya se conoc√≠a en Francia, probablemente a trav√©s de los mercaderes √°rabes de al-√Āndalus. As√≠ lo sugiere un texto del cirujano Henri de Mondeville: ‚ÄúSanguis draconis, en √°rabe dam al-alkhwein, es el jugo de una planta cuyas virtudes son medianamente calientes y secas en segundo grado‚ÄĚ.

 

En la farmacopea medieval, las plantas medicinales se clasificaban en funci√≥n de su actividad sobre los cuatro elementos que, seg√ļn la filosof√≠a cl√°sica, constitu√≠an la naturaleza de todas las cosas: agua, tierra, aire y fuego. As√≠, exist√≠an plantas con virtudes fr√≠as y h√ļmedas (agua), fr√≠as y secas (tierra), calientes y h√ļmedas (aire), y calientes y secas (fuego). Tambi√©n se indicaba el grado, seg√ļn su mayor o menor eficacia terap√©utica. Por ejemplo, para curar una quemadura (caliente y seca) deb√≠a emplearse una planta con propiedades antag√≥nicas, esto es, fr√≠as y h√ļmedas; para las flatulencias (calientes y h√ļmedas), una planta fr√≠a y seca, etc. El objetivo era recuperar el equilibrio natural del paciente, lo mismo que pretende la medicina actual. La diferencia es que entonces s√≥lo se trataban los s√≠ntomas de la enfermedad, no su origen, que, en la mayor√≠a de los casos, se desconoc√≠a.

 

 

En este sentido, sobre la sangre de drago no exist√≠a una opini√≥n un√°nime entre los galenos medievales. Para unos era ‚Äúfr√≠a y seca en grado tercero‚ÄĚ (al-Gazzar, siglo X; Guillame de Salicet, siglo XIII); para otros, ‚Äúcaliente y seca en grado segundo‚ÄĚ (Henri de Mondeville, siglo XIII); en fin, para otros, como el marroqu√≠ al-Gassani (siglo XVI), no estaba claro: ‚Äúfr√≠a y seca en grado segundo, aunque otros dicen que es c√°lida‚ÄĚ. Es posible que las diferentes opiniones se debieran a la propia confusi√≥n sobre el origen del producto: goma de telefio, resina de una palma asi√°tica, sangre de los dragos de Socotora o de los dragos que crecen en las monta√Īas del Anti Atlas (Dracaena draco subespecie ajgal)2.

 

Los m√©dicos medievales la recomendaban, b√°sicamente, para cicatrizar heridas abiertas y regenerar los tejidos da√Īados, y tambi√©n como un elemento m√°s en la composici√≥n de remedios para diferentes enfermedades. El citado al-Baytar resume sus principales virtudes: ‚ÄúConviene a las heridas de espada y armas parecidas [...] corta las hemorragias [...] cicatriza las heridas frescas y sangrantes [...] estri√Īe la vagina [...] fortifica la dentadura [...] es √ļtil contra las escoriaciones de los intestinos [...] es astringente [...]‚ÄĚ. A esas propiedades medicinales se le a√Īad√≠an otras muchas, tambi√©n supuestamente extraordinarias, como su eficacia en el tratamiento de hernias, gonorrea, impotencia sexual, incontinencia urinaria. En siglos posteriores, la sangre de drago sigui√≥ figurando en los principales tratados farmacol√≥gicos europeos. En The Herball, libro de plantas medicinales escrito por el m√©dico ingl√©s John Gerarde a finales del siglo XVI, se recomendaba para contener los flujos, contra la disenter√≠a y para afianzar los dientes. John Parkinson, en su obra Theatrum Botanicum (1640), la prescrib√≠a en casos de gonorrea, ojos acuosos y peque√Īas quemaduras. En fin, para el m√©dico alem√°n Schroeder, autor de una Pharmacopea (1698), se trataba de una droga que serv√≠a para casi todo: ‚ÄúEs refrigerativa, desicativa, est√≠ptica y repercusiva; si se coloca un emplasto encima de la cabeza, cura el catarro; contra la disenter√≠a debe colocarse por encima del ombligo; en polvo sirve para detener las hemorragias, fortificar las enc√≠as y en curas de rejuvenecimiento y belleza‚ÄĚ. Una de las virtudes m√°s curiosas que tambi√©n se le atribuy√≥ fue la de devolver la virginidad a las j√≥venes que la hab√≠an perdido, ‚Äúper la vergenit√° de la ragazze‚ÄĚ, como reza en un manuscrito italiano del siglo XVII3.

 

No cabe duda de que la sangre de drago, más que un fármaco, se consideraba una auténtica panacea.

 

Tintes, lacas y barnices

 

Su empleo como pigmento rojo figura en textos muy antiguos, aunque a veces se confund√≠a con otras sustancias, sobre todo con el minio o cinabrio, que es un mineral de la clase de los sulfuros, rico en mercurio. El propio Plinio advert√≠a del error: ‚ÄúNo hay otro color que en pintura d√© la sangre como √©ste [...] pero ¬°por H√©rcules! como los m√©dicos tambi√©n lo llaman cinnabaris, emplean como f√°rmaco ese minio, que es venenoso‚ÄĚ.

 

 

No aparece esa confusi√≥n en los escritos del iran√≠ Jabir ibn Hayyan (siglo VIII), considerado el padre de la qu√≠mica moderna, ya que menciona ambos productos, sangre de drago (dam al-alkhwein) y cinabrio (isrinj), en la coloraci√≥n de vidrios. Tampoco la hay en uno de los tratados t√©cnicos m√°s importantes de la Edad Media, De diversis artibus schedula, obra atribuida al monje benedictino Te√≥filo (siglo XII), donde se explica el modo en que iluminadores, vidrieros, orfebres, esmaltadores, etc., usaban la sangre de drago o ‚Äúpolvo de basilisco‚ÄĚ, como la denomina el autor, recordando su legendario origen.

 

Las t√©cnicas modernas de identificaci√≥n qu√≠mica (cromatograf√≠a, espectroscop√≠a Raman, etc.) han demostrado su antiguo empleo en diferentes objetos de metal, m√°rmol, cer√°mica, madera, etc. Seg√ļn algunos estudiosos, la sangre de drago fue utilizada por Antonio Stradivari, el conocido luthier italiano del siglo XVII, para barnizar sus famosos violines. Se trataba de un secreto que √©l nunca desvel√≥, ya que supuestamente contribu√≠a a proporcionarles su inigualable sonoridad. Pero esto a√ļn no se ha comprobado, entre otras razones por la dificultad para obtener muestras de esos instrumentos tan extraordinarios4.

 

La sangre de drago de Canarias

 

Seg√ļn la tradici√≥n, la sangre de drago formaba parte de los ung√ľentos que utilizaban los guanches en el proceso de la momificaci√≥n, pero hasta ahora no se han encontrado evidencias arqueol√≥gicas que lo confirmen. No es de extra√Īar que los guanches conocieran sus propiedades medicinales y la emplearan para cicatrizar heridas o contra golpes y contusiones, tal como se sigui√≥ utilizando en remedios populares tras la conquista. Tambi√©n es posible que la usaran para te√Īir la pieles de rojo, para colorear sus escudos de corteza de drago o, incluso, para pintar su propio cuerpo. Pero esas pr√°cticas s√≥lo se conocen a trav√©s de referencias indirectas que aparecen en las cr√≥nicas antiguas5.

 

 

A mediados del siglo XIV, la cotizaci√≥n de la sangre de drago estaba en alza y su comercio era muy rentable. Y es precisamente en esa √©poca cuando se establecen los primeros contactos modernos entre navegantes europeos y abor√≠genes canarios. El principal beneficio de esas expediciones proced√≠a de los esclavos, las pieles curtidas y la orchilla, un liquen tint√≥reo muy abundante en los acantilados costeros de Canarias, pero tambi√©n de las conchas marinas, la sangre de drago y otros extra√Īos productos propios de las islas6<7sup>.

 

Parece evidente que los abor√≠genes canarios conoc√≠an el inter√©s que mostraban los europeos por la sangre de drago, y prueba de ello es que, en 1403, ten√≠an almacenada una buena cantidad que les sirvi√≥ para comerciar con los normandos. No sabemos si se trataba de sangre del drago com√ļn (Dracaena draco) o del drago end√©mico de Gran Canaria (Dracaena tamaranae), ya que ambas especies conviv√≠an en la isla. En cualquier caso, parece claro que los canarios desconoc√≠an su valor y que los normandos hicieron un negocio redondo: ‚Äúobtuvieron sangre de drago que val√≠a a lo menos doscientas doblas de oro, y todo cuanto les entregaron no val√≠a m√°s de dos francos‚ÄĚ7.

 

Jean de Bethencourt y los sucesivos propietarios de las islas sometidas por los normandos (islas de se√Īor√≠o: Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro), procuraron hacerse con el monopolio de su comercio, pero toparon con los intereses de la Iglesia, que pronto quiso participar en tan lucrativo negocio exigiendo el pago de diezmo, un impuesto del 10 % sobre el valor de las mercanc√≠as que comenzaron a exportarse a medida que la colonizaci√≥n europea se iba consolidando. En la bula Super Canariae pro rege Castellae allegationes, promulgada por Eugenio IV en 1434, se ordenaba pagar diezmo por ‚Äúla sangre de drago, la orchilla, el √°mbar, las conchas‚ÄĚ y otras ex√≥ticas producciones de Canarias. Bien a trav√©s de mercaderes relacionados con el clero, con los se√Īores feudales o con las autoridades reales, lo que s√≠ est√° claro es que, en el siglo XV, la sangre de drago de Canarias ya se comercializaba en Europa y compet√≠a con la procedente de Socotora y del sureste asi√°tico8.

 

 

No hay constancia de que en esa √©poca hubiera dragos en las islas de se√Īor√≠o, excepto en La Gomera, donde debieron de ser bastante numerosos, como se describe en Le Canarien: ‚ÄúEl pa√≠s est√° lleno de dragos en gran cantidad‚ÄĚ. Es probable que existieran colonias importantes en las laderas de los grandes barrancos de la isla, donde las condiciones ambientales son √≥ptimas para su desarrollo. Sin embargo, la mayor√≠a desapareci√≥ en pocos a√Īos por la sobreexplotaci√≥n a la que fueron sometidos. Se cree que actualmente s√≥lo sobrevive un descendiente de esos primitivos dragos en un barranco de Alajer√≥, que figura en el escudo her√°ldico municipal.

 

A comienzos del siglo XVI, cuando todas las islas hab√≠an sido conquistadas y ya exist√≠an relaciones comerciales regulares, la explotaci√≥n de la sangre de drago se intensific√≥. Gran Canaria, Tenerife y La Palma, que fueron conquistadas bajo los auspicios de la corona, albergaban las mayores colonias de dragos, pero sufrieron el mismo destino que las de La Gomera. El proceso para extraer la sangre debi√≥ de influir en la decadencia de estos √°rboles, ya que se obten√≠a realizando cortes profundos en el tronco y las ramas con ‚Äúuna hoz o espada y poni√©ndole debajo un vaso en que caiga‚ÄĚ, como informa el viajero portugu√©s Gaspar Frutuoso, en la segunda mitad del siglo XVI. Este tipo de heridas facilita la penetraci√≥n de bacterias, hongos y, sobre todo, de larvas de insectos que se alimentan de madera, que constituyen el mayor peligro para la estabilidad de los dragos9.

 

Como medida proteccionista, en 1574 el Cabildo de Tenerife acord√≥ prohibir su recolecci√≥n, bajo pena de 100 azotes. Pero de poco sirvi√≥, pues se sigui√≥ exportando masivamente a los mercados europeos. Se comercializaba bajo dos formas: sangre com√ļn, que era la que se extra√≠a por incisi√≥n, y sangre en gota o l√°grima, que es la que exuda el √°rbol de forma natural por peque√Īas fisuras del tronco y las ramas, sobre todo durante las √©pocas de calor. √Čsta se consideraba de mayor calidad y, por tanto, era m√°s cara10.

 

 

A finales del siglo XVI, la mayor√≠a de los dragos hab√≠an sido sangrados hasta la saciedad. Lo mismo estaba ocurriendo en los archipi√©lagos portugueses de Madeira y Cabo Verde, que tambi√©n exportaban grandes cantidades de sangre de drago. La oferta era mucho mayor que la demanda, y el precio cay√≥ en picado. En 1595, una libra (460 g) de sangre enjuta se vend√≠a a cuatro cuartos y medio, que era aproximadamente lo que entonces costaba un kilo de az√ļcar, el principal producto de exportaci√≥n de Canarias. A partir de entonces, el negocio dej√≥ de ser rentable, convirti√©ndose en una actividad econ√≥mica marginal. Para los dragos ya era tarde; sus poblaciones hab√≠an sido esquilmadas y apenas sobreviv√≠an algunos ejemplares, la mayor√≠a en riscos inaccesibles11.

 

En el siglo XVII siguieron envi√°ndose peque√Īas cantidades a Europa, principalmente a trav√©s de las compa√Ī√≠as inglesas que comerciaban con az√ļcar, vino, orchilla y otros productos de las islas. A Espa√Īa se exportaban unos palillos de tabaiba dulce untados en sangre de drago, que se pusieron de moda como dent√≠frico entre las clases altas de la sociedad. Lope de Vega, Tirso de Molina y otros autores del Siglo de Oro mencionan esa pr√°ctica en algunas de sus obras, resaltando su eficacia para limpiar y fortificar la dentadura.

 

El drago de La Orotava y otros viejos ejemplares que a√ļn exist√≠an en el siglo XVIII, se hicieron famosos en Europa a trav√©s de los viajeros de la √©poca. La mayor√≠a de los relatos est√°n adornados con historias fantasiosas sobre su origen antediluviano, su extraordinaria longevidad o la veneraci√≥n que le ten√≠an los guanches, pero la sangre de drago apenas se menciona como un antiguo recuerdo. Viera y Clavijo, como otros autores canarios de ese siglo, se lamentaba de la poca atenci√≥n que recib√≠a un producto tan valorado en tiempos pasados, criticando la desidia de las autoridades ante la tala indiscriminada de los escasos dragos que a√ļn sobreviv√≠an12.

 

 

A principios del siglo XIX s√≥lo la empleaban algunos campesinos en remedios populares, pero pr√°cticamente hab√≠a desaparecido como f√°rmaco en la medicina moderna. Sin embargo, muchas personas a√ļn confiaban en su eficacia como dent√≠frico. Incluso se pod√≠a adquirir en algunas ciudades importantes, como se√Īala el oficial franc√©s Bory de Saint Vincent (1803), al comentar que algunos miembros de su expedici√≥n la hab√≠an comprado en La Laguna, en un convento de religiosas, cuyo mejor reclamo era que ‚Äúten√≠an la boca fresca y hermosa‚ÄĚ. Posiblemente, el producto que vend√≠an las monjas proced√≠a del famoso Drago del Seminario, que a duras penas sobrevive en la huerta del antiguo convento de frailes dominicos13.

 

A finales de ese siglo, la sangre de drago se consideraba un art√≠culo ex√≥tico, sin valor comercial ni medicinal. Apenas merece un peque√Īo comentario en algunos tratados farmacol√≥gicos de la √©poca, como en Tratado de materia farmac√©utica vegetal (1893), del Dr. G√≥mez Pamo: ‚ÄúPara extraer esta resina se hacen incisiones en el tronco, por las cuales fluye con lentitud en las √©pocas de calor, que se recoge en un g√°nigo [...] la recolecci√≥n se hace siempre en peque√Īa escala y sin objeto comercial‚ÄĚ.

 

 

Composición química

 

La sangre de los dragos canarios tiene la consistencia de una resina densa y blancuzca cuando sale del √°rbol. En contacto con el aire, va endureci√©ndose y adquiriendo su caracter√≠stico color rojo sangre. En estado s√≥lido es fr√°gil, y cuando se rompe forma lascas concoideas, v√≠treas, brillantes y casi transl√ļcidas por los bordes. Al triturarla, se obtiene un polvo cristalino muy brillante, que se vuelve pegajoso al manosearlo. Es ins√≠pida e inodora a temperatura ambiente, pero al calentarse suavemente, se hace maleable a la vez que desprende un agradable olor bals√°mico. No se disuelve en agua pero s√≠ en alcohol.

 

A pesar de su fama, hasta hace poco apenas se conoc√≠a su composici√≥n qu√≠mica. En los √ļltimos a√Īos, sin embargo, se han llevado a cabo numerosas investigaciones, gracias a las cuales se ha ido desentra√Īando su compleja composici√≥n, en la que se han descubierto varias sustancias qu√≠micas desconocidas hasta entonces. Por ahora se han identificado m√°s de 20 compuestos org√°nicos, la mayor√≠a, flavonoides, saponinas y chalconas14.

 

 

Varios de los productos aislados han sido objeto de diferentes ensayos para conocer sus propiedades farmacológicas, y los resultados obtenidos confirman muchas de las virtudes tradicionalmente atribuidas a la sangre de nuestros dragos. Los flavonoides, por ejemplo, muestran una actividad antioxidante, antiinflamatoria, antiviral y antialérgica, así como un papel protector frente a enfermedades cardiovasculares, cáncer y otras patologías. Sin embargo, también se ha constatado que, en dosis altas, esas sustancias pueden provocar efectos contraproducentes.

 

La diosgenina es una saponina esteroidea que baja el nivel de colesterol en sangre. También tiene propiedades estrogénicas, esto es, potencia la actividad de las hormonas femeninas, lo que explicaría la eficacia de la sangre de drago en el tratamiento de trastornos menstruales y menopáusicos, como incontinencia urinaria, sequedad vaginal, etc.

 

Otra saponina, la ruscogenina, tiene propiedades antiinflamatorias y ha demostrado ser muy √ļtil para aliviar las hemorroides. Actualmente se est√° experimentando su actividad en combinaci√≥n con otras sustancias que tambi√©n est√°n presentes en la sangre de drago. Con las chalconas, parece que es eficaz en el tratamiento de algunos problemas de pr√≥stata, y combinada con los flavonoides favorece la regeneraci√≥n de la piel, una de las legendarias virtudes de la sangre de drago.

 

El drago tiene unas ra√≠ces grandes y robustas que le sirven para afianzarse al terreno, y otras que son peque√Īas y delgadas, a trav√©s de las cuales incorpora el agua y los nutrientes que necesita para vivir. Esas ra√≠ces absorbentes est√°n recubiertas por una fina corteza de color anaranjado, que contiene algunas de las saponinas presentes en la sangre de drago, pero en mayor concentraci√≥n. Una de ellas es la dracogenina, que ha resultado poseer propiedades antibacterianas y antif√ļngicas. √Čsa puede ser la raz√≥n, entre otras, por la que se recomendaba masticar ‚Äúraicillas‚ÄĚ de drago para conservar la ‚Äúboca fresca y hermosa‚ÄĚ, como las monjas de La Laguna. Otra es la icogenina, que muestra una potente actividad citot√≥xica contra la l√≠nea celular HL-60 de leucemia humana. Se ha podido determinar que la muerte celular es por apoptosis, es decir, las c√©lulas cancer√≠genas dejan de reproducirse y se descomponen.

 

 

Conviene aclarar que las aplicaciones terap√©uticas de estas sustancias a√ļn est√°n en fase experimental, pero tambi√©n es cierto que los resultados de las investigaciones m√°s recientes han abierto nuevas posibilidades. La sangre de drago es un producto natural que puede ser de provecho en temas de gran inter√©s para la sociedad actual: rejuvenecimiento, antioxidantes, leucemia, cardiopat√≠as, pr√≥stata, menopausia, etc. De hecho, figura en la composici√≥n de cremas regenerativas, protectores solares y otros art√≠culos cosm√©ticos que todav√≠a no se comercializan, pero que ya han sido patentados, algunos hace tan s√≥lo unos pocos meses15.

 

Si su demanda aumenta y se consolida en los pr√≥ximos a√Īos, habr√° que recordar lo que ya ocurri√≥ hace cinco siglos, cuando la mayor√≠a de los dragos desaparecieron por sobreexplotaci√≥n. ¬ŅPodr√≠a ser el cultivo intensivo de dragos la alternativa a los pl√°tanos? Siendo econ√≥micamente rentable, no hay raz√≥n para descartar esa posibilidad. Los dragos requieren mucha menor cantidad de agua y se desarrollan muy bien en las mismas zonas que las plataneras. Son longevos, pero crecen con rapidez y, en pocos a√Īos, pueden estar produciendo cantidades aceptables de sangre. En Canarias ya existen casos parecidos, como el Aloe vera, que en la actualidad se cultiva en varias islas con resultados muy interesantes.

 

Otras ‚Äúsangres de drago‚ÄĚ

 

Hoy en d√≠a, como ocurr√≠a en la Antig√ľedad, el nombre ‚Äúsangre de drago‚ÄĚ sigue siendo bastante confuso, ya que se aplica a varias resinas de origen vegetal, que proceden de diferentes plantas de distintas regiones del planeta y que, adem√°s, pertenecen a varias familias bot√°nicas. Se trata, en su mayor√≠a, de resinas de color rojo sangre que presentan ciertas propiedades farmacol√≥gicas comunes, sobre todo en lo que se refiere a su acci√≥n cicatrizante. Aunque no existe una opini√≥n un√°nime, se considera que la sangre de drago ‚Äúantigua‚ÄĚ, incluyendo la de Canarias, es la que se conoc√≠a antes del descubrimiento de Am√©rica. La ‚Äúnueva‚ÄĚ tiene su origen en el Nuevo Mundo y, en la actualidad, es la que m√°s se utiliza en medicina, particularmente en homeopat√≠a.

 

 

La sangre de drago ‚Äúantigua‚ÄĚ procede de dos tipos de plantas monocotiled√≥neas: especies arb√≥reas del g√©nero Dracaena, de la familia de las ruscaceae, y palmas rat√°n de los g√©neros Daemonorops y Calamus, de la familia de las arec√°ceas.

 

Las especies de Dracaena productoras son D. draco (Madeira, Canarias, Cabo Verde y Marruecos), D. tamaranae (Gran Canaria) y D. cinnabari (Socotora). Existen otras especies menos conocidas (D. schizantha, D. serrulata y D. ombet) que se distribuyen por regiones monta√Īosas semi√°ridas en torno al Mar Rojo. Probablemente, tambi√©n fueron explotadas para obtener su sangre, pero poco se sabe al respecto.

 

 

Otra sangre de drago antigua, a veces llamada resina draconis, se obtiene de los frutos de varias palmeras de los géneros Daemonorops y Calamus, que crecen en las selvas tropicales del sureste asiático. Actualmente su producción mundial se estima en unas 50 toneladas anuales, que en su mayor parte proceden de Indonesia, desde donde se exporta a los mercados de Hong Kong, Singapur y Pakistán. Su destino final es incierto, ya que desde esos mercados se reenvía a otros lugares. Es probable que se utilice principalmente como barniz en la pujante industria asiática de muebles y, en menor medida, como fármaco en medicina tradicional. Sus propiedades terapéuticas son parecidas a las de la sanguis draconis: contra golpes, heridas, encías sangrantes, disentería, irregularidades menstruales, impotencia, etc.16.

 

La sangre de drago ‚Äúnueva‚ÄĚ procede de Am√©rica, y se obtiene de varias especies de los g√©neros Jatropha y Croton, de la familia de las euforbi√°ceas, y del g√©nero Pterocarpus, de la familia de las leguminosas. Las distintas variedades ya eran empleadas por los indios americanos y fueron incorporadas a la farmacopea occidental tras el descubrimiento del Nuevo Mundo. Por eso recibieron la misma denominaci√≥n, aunque a veces con variaciones, como ‚Äúsangre de grado‚ÄĚ, ‚Äúsangredo‚ÄĚ o ‚Äúsangregado‚ÄĚ, nombres que se aplican indistintamente a la planta y al producto.

 

 

En la extensa literatura que existe sobre las diferentes sangres de drago, desde los textos antiguos y los tratados medievales hasta los artículos científicos más recientes, se aprecia un enorme interés por identificar correctamente el origen y la naturaleza de las mismas. Esto se interpreta no sólo como una actitud honrada y seria de los autores, sino por las nefastas consecuencias que podría acarrear una falsa identificación del producto en un tratamiento terapéutico. A las personas que hoy en día siguen confiando en las legendarias propiedades de cualquier sangre de drago, muchas de ellas comprobadas científicamente, les recomendamos lo que ya advertía Plinio hace dos milenios: ¡Por Hércules! no se confundan...

 

 

Bibliografía

- Alvarez Rixo, José Agustín. Disertación sobre el árbol drago. 1842. [Manuscrito inédito]. Biblioteca de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, La Laguna.

- Benabid, Abdelmalek; Cuzin, Fabrice. ‚ÄúPopulation de dragonnier (Dracaena draco subsp. ajgal Benabid et Cuzin) au Maroc‚ÄĚ. Comptes reundus de l‚ÄôAcad√©mie des Sciences, Series III, vol. 320, n¬ļ 3 (marzo de 1997), pp. 267-277.

- Bethencourt Alfonso, Juan. Historia del pueblo guanche. La Laguna: Francisco Lemus, 1991-1997, vol. II.

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Notas

1 La presencia en C√°diz de ese √°rbol ya hab√≠a sido mencionada mil a√Īos antes por el ge√≥grafo e historiador griego Estrab√≥n, en su descripci√≥n de la Pen√≠nsula Ib√©rica: ‚ÄúEn G√°deira (C√°diz) hay un √°rbol cuyas ramas se doblan hacia el suelo y sus hojas, a veces de un codo de largo y cuatro dedos de ancho, tienen la forma de una espada... Si se corta una rama exuda leche, si es una ra√≠z, destila un jugo de color rojo‚ÄĚ. Por la descripci√≥n no parece que se trate de un drago, pero hay que tener en cuenta que Estrab√≥n no lo hab√≠a visto personalmente, sino que se bas√≥ en los escritos de Posidonio, un autor griego que lo cit√≥ casi un siglo antes. Por otro lado, no se puede descartar que en esa √©poca a√ļn existieran dragos salvajes en algunas localidades concretas del sur de la Pen√≠nsula Ib√©rica, testigos supervivientes de una flora desaparecida del continente europeo durante la √ļltima gran glaciaci√≥n. En cualquier caso, es curioso que C√°diz se haya conocido tradicionalmente como la ‚Äúciudad de los dragos‚ÄĚ, y buena prueba de ello son los hermosos ejemplares ‚Äďalgunos de ellos varias veces centenarios‚Äď que hoy en d√≠a crecen en muchos parques y jardines de la ‚Äútacita de plata‚ÄĚ.

2 En 1995 se descubri√≥ una importante colonia de miles de dragos en una abrupta regi√≥n del macizo del Anti Atlas, en Marruecos. El drago del Atlas se conoce localmente con el nombre bereber de ajgal, que significa ‚Äėinalcanzable‚Äô, debido a que crece en paredones escarpados y de dif√≠cil acceso, incluso para las cabras. Se considera una subespecie del drago com√ļn, de ah√≠ su nombre cient√≠fico: Dracaena draco ssp. ajgal. Los dragos silvestres que crecen en el Pe√Ī√≥n de Gibraltar tambi√©n pertenecen a esta subespecie (Cort√©s, 1994). Por all√≠ desembarcaron las primeras tropas musulmanas que invadieron la Pen√≠nsula Ib√©rica a principios del siglo VIII. M√°s informaci√≥n sobre la sangre de drago en tratados √°rabes medievales en: Llavero Ruiz (1990), Cabo Gonz√°lez (1995) y Cabo Gonz√°lez & Bustamante Costa (2000-2001).

3 Becciani, Ugo. Un manoscritto pistoiese di ‚Äúsecreti‚ÄĚ del tardo ‚Äô600: lettura critica e commento. Pistoia: Il Papyrus, 2000. (Resumen disponible en la red).

4 Sobre el empleo de la sangre de drago en t√©cnicas art√≠sticas, se recomienda el excelente trabajo de Pilar Gonz√°lez Ara√Īa: An√°lisis de la resina sangre de drago: t√©cnicas y procedimientos art√≠sticos, que se puede consultar en la red (http://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=1029).

5 Una bolita de sangre de drago (17 mm de diámetro) apareció en una cueva de habitación guanche, en La Orotava, junto a lascas de obsidiana (tabonas), huesos de animales y fragmentos de cerámica aborigen. (Lorenzo Perera, 1977). Sobre su empleo por los guanches, ver Bethencourt Alfonso (1991-1997), Bosch Millares (1962), Oliva Tacoronte (1982).

6 Entre esos contactos destaca la expedici√≥n a las islas realizada por el capit√°n genov√©s Nicol√°s de Recco en 1341, al mando de dos naves proporcionadas por Alfonso IV, rey de Portugal. Entre otras mercanc√≠as, a su regreso trajo ‚Äúpalo rojo para tinte, corteza de √°rboles para te√Īir de rojo, tierra bermeja y otras cosas para el mismo fin‚ÄĚ. Es posible que alguna de esas otras cosas fuera sangre de drago, pero no lo sabemos. En Europa, los pigmentos rojos eran muy cotizados en aquella √©poca, de ah√≠ su gran inter√©s comercial (Millares Torres, 1977-1981).

7 La equivalencia actual de una dobla de oro de esa √©poca es dif√≠cil de establecer, porque entonces coexist√≠an doblas de oro de diferente valor y procedencia (castellana, francesa, √°rabe). Sin embargo, en otros cap√≠tulos de Le Canarien aparecen referencias que permiten, por comparaci√≥n, tener una idea de su cotizaci√≥n a principios del siglo XV. Por ejemplo, cuando Jean de Bethencourt, el socio de Gadifer, abandon√≥ las islas y regres√≥ a Espa√Īa en busca de m√°s apoyos econ√≥micos y materiales para concluir la conquista de Canarias, unos mercaderes de Sevilla le ofrecieron 1.500 doblas de oro por su nave, pero √©l no acept√≥. En otro cap√≠tulo se dice que con el sebo y las pieles de las focas monje de Isla de Lobos se pod√≠a obtener un beneficio anual de 500 doblas √≥ m√°s. Esto es, en un solo intercambio comercial, los normandos ganaron casi la mitad de lo que podr√≠an obtener de las focas en todo un a√Īo, y si hubieran realizado siete u ocho trueques similares, podr√≠an haberse comprado un barco.

8 Se pod√≠a adquirir incluso en las principales ciudades mercantiles italianas, que tradicionalmente importaban sangre de los dragos de Socotora, como refleja el Riccetario florentino (1498): ‚ÄúSangue di drago √© una gomma di un albero che nasce nelle isole Canarie‚ÄĚ. (Resumen disponible en http://www.edicolaweb.net/am_1030.htm).

9 El drago tambi√©n fue objeto de otros aprovechamientos que, sin duda, contribuyeron a la merma de sus poblaciones. Por ejemplo, en 1501, apenas cinco a√Īos despu√©s de concluida la conquista de Tenerife, se orden√≥ que los soldados estuvieran equipados con escudos de drago ‚Äúde un grosor de un pulgar y no menos‚ÄĚ. En un acuerdo de 1513 y por temor a una invasi√≥n francesa, el cabildo extendi√≥ esa orden a todos los vecinos entre 18 y 60 a√Īos, aclarando que los escudos deb√≠an tener ‚Äúa lo menos de tres a cuatro palmos de ancho‚ÄĚ. Tambi√©n los troncos fueron aprovechados para hacer colmenas o corchos, que eran muy valorados a tenor de sus frecuentes menciones en los acuerdos del Cabildo de Tenerife y los protocolos notariales del siglo XVI.

10 Los env√≠os de particulares eran frecuentes y sol√≠an superar los 100 kilos de peso. Por ejemplo, en 1557 Francisco Rodr√≠guez, que ten√≠a un negocio de joyer√≠a en Tenerife, hab√≠a conseguido reunir 242 libras de sangre com√ļn y 13 libras y tres cuartos de sangre en gota, que envi√≥ a Lisboa en un solo cargo (Cioranescu, 1977). Una libra equivale a 460 gramos.

11 Seg√ļn Gaspar Frutuoso, a finales del siglo XVI la mayor√≠a de los dragos de La Palma s√≥lo se encontraban ‚Äúen lugares √°speros y tan abruptos que parece imposible llegar donde est√°n, pero tambi√©n van y cogen de ellos una goma tan roja como la sangre, que llaman sangre de drago‚ÄĚ.

12 ‚ÄúPero el ning√ļn cuidado que se tiene de multiplicar tan hermoso √°rbol, ni el poco dolor con que se han ido cortando los que hab√≠a, ha hecho escasear mucho un ramo de cosecha, de que se podr√≠a sacar notable utilidad‚ÄĚ. (Viera y Clavijo, 1942).

13 ‚ÄúLa mayor parte de los viajeros de nuestra expedici√≥n adquirieron en La Laguna, en un convento de monjas encantadoras, unos peque√Īos paquetes con raicillas que no ten√≠an ning√ļn sabor ni propiedad en s√≠ mismas, pero que estaban coloreadas con resina de sangre de drago, con el prop√≥sito de masticarlas para fortificar los dientes y las enc√≠as. El mejor elogio que puede hacerse de esos peque√Īos productos, es que las religiosas que los vend√≠an, ten√≠an la boca fresca y hermosa‚ÄĚ (Bory de Saint Vincent, 1803).

14 Gran parte de los an√°lisis realizados hasta la fecha se han llevado a cabo en Canarias, por equipos cient√≠ficos encabezados por el Dr. Antonio Gonz√°lez y, m√°s recientemente, por el Dr. Jaime Bermejo (Instituto de Productos Naturales y Agrobiolog√≠a, CSIC, Instituto Universitario de Bio-Org√°nica ‚ÄúAntonio Gonz√°lez‚ÄĚ, Instituto Canario de Investigaci√≥n del C√°ncer, Museo de Ciencias Naturales de Tenerife).

15 ‚ÄúDe la presencia de sapogeninas, especialmente la ruscogenina y de isoflavonas en la composici√≥n de la sangre de drago se derivan de forma sorprendente propiedades antioxidantes para las c√©lulas, lo que conlleva, cuando las c√©lulas son epid√©rmicas, efectos regenerativos de la piel si se aplica v√≠a t√≥pica y, cuando se ingiere en forma de bebidas, alimentos o aditivos nutricionales o diet√©ticos, una menor muerte celular, lo que conlleva efectos antidegenerativos y antienvejecimiento del organismo y un efecto general vigorizante y tonificante en general‚ÄĚ (parte del texto de varios productos patentados en 2009 en la World Intellectual Property Organization: (WO/2009/063105) Use of extracts of Dracaena draco in the preparation of pharmaceutical, cosmetic, dietetic and nutritional products). WIPO: http://www.wipo.int/portal/index.html.en

16 Para más información sobre el comercio mundial de la sangre de drago y otras resinas de origen vegetal, pueden consultarse documentos de la FAO disponibles en la red: http://www.fao.org/docrep/v9236e/v9236e00.htm.

 

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