Rincones de lo que una vez fue todo un mundo, por Álvaro Santana Acuña

Presentación del Tomo 2 de Arquitectura y Paisaje. Liceo de Taoro, La Orotava, viernes 12-diciembre-2014

Plaza de La Alameda, 1931. Antonio Passaporte. Fototeca del IPCE

Rincones de lo que una vez fue todo un mundo

Por Álvaro Santana Acuña, Universidad de Harvard

¡Dichosos países aquéllos en donde el hombre

no tiene por qué desconfiar del suelo que habita!

—Alexander von Humboldt, Viaje a las islas Canarias.

Buenas tardes.

Como le he dicho a Daniel Fernández Galván en varias ocasiones, Rincones del Atlántico es una de las publicaciones punteras sobre patrimonio en España y, sin lugar a dudas, está entre las mejores de Europa.

Rincones no sólo nos permite conocer mejor la historia de nuestro patrimonio, sino sobre todo es una herramienta muy útil para concienciarnos sobre la necesidad de mejorar la protección del patrimonio canario. Las páginas de este nuevo volumen de Rincones nos descubren cómo la mayoría de los canarios han dado la espalda a lo que les hace únicos: su patrimonio tanto natural como cultural.

El patrimonio cultural en particular es mucho más que celebraciones típicas como la romería, el carnaval o el corpus. Como bien saben en La Orotava, el patrimonio constituye una forma de vivir con nuestro pasado. De ahí que La Orotava disfrute ahora del que considero el mejor centro histórico de Canarias; mucho mejor preservado que el de La Laguna, gravemente dañado tras su inclusión en la lista de bienes Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 1999. Una inclusión que, en teoría, tuvo que protegerlo de la especulación, pero que en la práctica ha servido para convertirlo en un parque temático lleno de franquicias, tascas y terrazas. Confío en que esta dramática transformación no acabe sucediendo en La Orotava, cuyos habitantes se han mostrado hasta ahora sumamente orgullosos y protectores de su patrimonio.

Este volumen de Rincones nos ofrece algo nunca visto en libros sobre Canarias: una extensa sección de lo que podría llamarse “arqueología fotográfica”, es decir, una rica colección de fotografías históricas y actuales que nos muestra los cambios del paisaje insular en diferentes partes de La Palma, La Gomera, Tenerife y El Hierro. Esta sección de Rincones nos descubre la violencia de los cambios ocurridos en el paisaje durante los últimos cien, ochenta y sobre todo cuarenta años. Una degradación paisajística que por desgracia continúa. El mejor ejemplo en el que puedo pensar ahora aquí, durante mi presentación en el Liceo, es el Valle de La Orotava. Como es bien sabido, el naturalista alemán Alexander von Humboldt se arrodilló al contemplar por primera vez el Valle de La Orotava. Mientras caía de rodillas, Humboldt aseguró que era el lugar más hermoso que había visto sobre la Tierra. En realidad, aunque esto es menos conocido, Humboldt se arrodilló y realizó afirmaciones grandilocuentes similares al visitar otros lugares, no sólo en La Orotava. La pregunta que debemos hacernos es por qué. ¿Acaso eran los otros lugares más hermosos?

El Valle de La Orotava a finales del siglo XIX. Foto: Marcos Baeza

La realidad es que Humboldt se arrodillaba maravillado porque en aquellos tiempos, a comienzos del siglo XIX, los paisajes naturales sublimes como el Valle de La Orotava eran considerados por científicos y artistas un lugar único para encontrarse con Dios. Al visitar semejantes paisajes sublimes, el hombre se sentía pequeño e insignificante ante la magnificencia divina del Creador.

En definitiva, la contemplación de paisajes como el valle orotavense era una experiencia espiritual profunda para los hombres y las mujeres del Romanticismo como Humboldt. Sin embargo, actualmente, como se observa en la foto del segundo tomo que compara el Valle de La Orotava ayer y hoy, resulta imposible maravillarse de igual manera. De hecho, si Humboldt viese de nuevo el valle esta misma tarde, apenas doscientos años después, lo más probable es que cayese de rodillas a causa de un paro cardíaco.

Pero con este ejemplo no quiero darles a entender que el tomo de Rincones que se presenta esta tarde nos ofrece una visión triste. Lo cierto es que este tomo celebra sobre todo aquello que hace único al patrimonio rural de Canarias: la extraordinaria simbiosis entre el medio físico y el medio cultural, entre civilización y naturaleza. Y por eso Rincones nos recuerda también que esa simbiosis es lo que debemos proteger, no sólo los edificios históricos, sino el entorno natural en el que se encuentran.

Este segundo tomo contiene muchas sorpresas a lo largo de sus más de dos mil fotografías, como por ejemplo el descubrir que partes del Valle de Abajo en Vallehermoso (La Gomera) han logrado salvarse durante décadas de las plagas del ladrillo y el turismo de masas.

Permítanme concluir mi presentación hablando de un lugar que se encuentra a cientos de kilómetros de distancia. Es el lugar donde trabajo, el cual en principio no parece tener una relación directa con Canarias: la Universidad de Harvard.

Esta universidad se encuentra entre las más prestigiosas del mundo. En la actualidad, alrededor de treinta y cinco mil estudiantes presentan su solicitud de admisión cada año para estudiar una carrera, y sólo unos dos mil son admitidos. Es decir, el seis por ciento. Hasta ahora, ciento cincuenta premios Nobel están vinculados a la universidad, ya se trate de antiguos alumnos o profesores de plantilla. Es también la universidad más rica; si cerrase hoy mismo sus puertas y se repartiese el dinero de su endowment (fondo patrimonial) entre todos los estudiantes, a cada uno le tocaría alrededor de un millón de dólares.

Vista de La Orotava, óleo, Marcos Baeza

Pero la joya de la corona es la biblioteca, formada por una red de ochenta sedes que contienen dieciséis millones de volúmenes (en comparación la Universidad de La Laguna alberga setecientos mil). Esto la convierte en una de las bibliotecas más valiosas del mundo. Uno de sus tesoros es un manuscrito de 4.121 paginas, divididas en ocho volúmenes. Se trata nada más y nada menos que del manuscrito de una obra cumbre de la literatura canaria y universal, escrita por un canario que estuvo a punto de ser candidato al premio Nobel de literatura. El manuscrito lo redactó Benito Pérez Galdós y la novela es Fortunata y Jacinta.

Que la Universidad de Harvard sea la propietaria del manuscrito autógrafo de Fortunata y Jacinta demuestra su interés por adquirir y atesorar lo mejor de lo mejor. Por eso, no ha de extrañarnos que la colección completa de Rincones del Atlántico esté también disponible en la biblioteca universitaria.

 

 

 

 

 

Tanto los bibliotecarios de Harvard como un número creciente de lectores dentro y fuera de Canarias saben que Rincones del Atlántico es una obra que uno debe tener en su biblioteca para aprender y disfrutar al máximo de nuestro singular patrimonio rural hecho arquitectura y paisaje.

Foto: Álvaro Santana Acuña

 

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